La ministra de Minas y Energía, Arboleda, compareció ante la Comisión Quinta de la Cámara y dejó una frase que resume el estado del sector eléctrico colombiano: «No nos digamos mentiras, la tarifa tiene que subir». La advertencia no fue un desliz; fue el reconocimiento oficial de que el sistema acumula presiones que ya no caben en el presupuesto ni en la factura actual.
El fenómeno de El Niño como detonador
Cuando los aportes hídricos caen, el sistema debe recurrir a plantas térmicas que queman gas, un combustible cuyo costo ha aumentado. Según Arboleda, en ese escenario «el que va a marginar es alguien que tiene gas, un gas que le vale mucho». El precio marginal del mercado spot sube, y las comercializadoras que no tienen contratos de respaldo quedan expuestas de lleno a ese precio de bolsa.
La ministra puso un ejemplo concreto: un kilovatio cuyo costo puede llegar a $1.200 pero que se pretenda remunerar a $400. «Eso no tiene ninguna presentación, porque no es sostenible», afirmó. La brecha entre costo real y tarifa regulada es, en la práctica, un subsidio implícito que las empresas terminan absorbiendo —o que el Estado debe cubrir con recursos que hoy no tiene.
Una subasta de emergencia y la búsqueda de gas
El Ministerio anunció una subasta para identificar recursos adicionales que permitan atender la demanda durante el fenómeno climático. Arboleda también confirmó que el Gobierno evalúa las capacidades de los proyectos de regasificación de Ecopetrol y revisa la oferta de otros combustibles, incluido el carbón. Colombia ya recurre a importaciones de gas para cubrir parte de su demanda interna, lo que añade exposición al mercado internacional.
El hueco fiscal: $4,57 billones sin fuente
Más allá del precio de la energía, el Gobierno enfrenta un problema presupuestal de primer orden. El Ministerio de Minas calcula que necesitará aproximadamente $6,008 billones para financiar los subsidios eléctricos de los hogares de menores ingresos en 2027. El proyecto de Presupuesto General de la Nación contempla apenas $1,434 billones para ese rubro. La diferencia es de cerca de $4,574 billones —unos $4,57 billones— sin fuente de financiación definida.
Arboleda lo confirmó ante las comisiones económicas del Congreso: «Para los subsidios eléctricos de 2027 tenemos un déficit de casi $4,5 billones. La idea es seguir ajustándolo con Hacienda, pero sí queremos dejar aquí que eso no tiene financiación en este momento». Los subsidios de 2026, aclaró, sí cuentan con recursos para la vigencia actual.
Lectura editorial
El cuadro que emerge es el de una política energética que durante años prefirió el voluntarismo tarifario a la señal de precios. Mantener artificialmente la factura por debajo del costo real no protege al consumidor: le transfiere la deuda al futuro, con intereses. Ahora ese futuro llegó en forma de El Niño, gas caro y un hueco de $4,57 billones que el Ministerio de Hacienda deberá tapar con dinero de los contribuyentes o con más deuda pública.
Capital busca reglas claras. Un mercado eléctrico donde el precio no refleja el costo de generación desincentiva la inversión privada en nueva capacidad —precisamente la que Colombia necesita para no depender del clima. La subasta anunciada es un parche; la reforma de fondo sigue pendiente.


