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China desistió de controlar la mayor transmisora eléctrica de Chile tras dos años de negociaciones secretas

China Southern Power Grid abandonó la compra del 100% de Transelec, valorada en más de 4.000 millones de dólares, evitando que el Estado chino dominara la columna vertebral del sistema eléctrico chileno. El episodio expone la ausencia de un marco legal que proteja infraestructura crítica de adquisiciones por parte de Estados extranjeros.
Imagen ilustrativa
sábado 11 de julio de 2026

La operación que habría puesto la electricidad de Chile en manos de Beijing no se concretó. Bloomberg confirmó que China Southern Power Grid desistió de adquirir el 100% de Transelec, la mayor transmisora de energía eléctrica del país, con más de 10.000 kilómetros de líneas de alta tensión.

Las negociaciones se extendieron en silencio durante dos años. El precio era el obstáculo final: la operación superaba los 4.000 millones de dólares y las partes no lograron cerrar la brecha sobre la valoración del activo ni sobre la estructura final del negocio. El 72% de Transelec pertenece a tres fondos de pensiones canadienses; el 28% restante lo adquirió China Southern Power Grid en 2018, cuando compró la participación de Brookfield por 1.300 millones de dólares.

Un mapa eléctrico con sello chino

El intento no ocurre en el vacío. Otra estatal china, State Grid Corp. of China, ya controla la Compañía General de Electricidad (CGE) —la distribuidora más grande de Chile, adquirida en 2021— y Chilquinta Energía. De haber prosperado la compra de Transelec, el Estado chino habría dominado simultáneamente la transmisión de alta tensión y la distribución residencial: generación, transporte y entrega bajo un mismo interruptor con bandera de Beijing.

China Southern Power Grid también consolidó presencia regional: compró activos de Enel en Perú por cerca de 3.000 millones de dólares.

Alertas que nadie escuchó a tiempo

El diputado independiente Jaime Naranjo advirtió el riesgo desde 2020, cuando State Grid acordó la compra de CGE. Junto a otros legisladores presentó un proyecto de ley para exigir habilitación formal cuando un Estado extranjero adquiera empresas indispensables para la población. La iniciativa no prosperó.

Según Naranjo, el retiro de China Southern Power Grid es «una señal más de que las empresas estatales chinas están evaluando muy profundamente sus operaciones», y no descarta que hayan existido presiones de Estados Unidos. El parlamentario advierte que «lo más grave del actuar del imperialismo chino es que detrás de cada empresa no están capitales privados sino el Estado chino».

El analista internacional Juan Pablo Toro, exdirector ejecutivo de AthenaLab y editor internacional de El Mercurio, señala que la presencia china «es fuerte en materia de comercio exterior» y que el Estado chino «también está ganando influencia política», mencionando la asistencia de diplomáticos chinos a actos del Partido Comunista de Chile y señalando investigaciones por financiamientos de empresarios chinos a dirigentes del partido.

La lectura del mercado

El episodio no es una anécdota diplomática: es una radiografía de lo que ocurre cuando un país carece de normas claras sobre inversión extranjera en infraestructura crítica. Capital busca reglas claras, pero no todo capital es privado ni toda adquisición es una transacción de mercado. Cuando el comprador es un Estado —con capacidad de subordinar decisiones comerciales a objetivos geopolíticos— la lógica cambia por completo.

Chile esquivó esta vez la concentración de su sistema eléctrico en manos de un gobierno extranjero, pero lo hizo por una discrepancia de valoración, no por un marco legal que lo impidiera. Mientras esa brecha normativa persista, la próxima oferta solo necesita ajustar el precio.

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