Chile registra en promedio un tornado por año. Eso equivale a unos 60 eventos en seis décadas, según datos citados por Raúl Cordero, climatólogo de la Universidad de Santiago de Chile (Usach). La cifra contrasta con los cerca de 1.300 tornados anuales de Estados Unidos y ayuda a poner en perspectiva el impacto mediático de los recientes tornados en la Región de Ñuble.
Pero Cordero no salió a minimizar el fenómeno: salió a defender la instalación de radares meteorológicos. «Los radares no son solamente para el tema de los tornados; es una de las aplicaciones», explicó en el programa de streaming Desde la Redacción. Según el académico, estos equipos permiten detectar actividad eléctrica, medir el tamaño de las precipitaciones y anticipar cuándo comienzan, funciones que las imágenes satelitales y los modelos numéricos actuales de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) no replican con la misma resolución.
El argumento de fondo es operativo: las alertas SAE —el sistema de alerta de emergencia— serían «mucho mejores y mucho más oportunas» si incorporaran datos de radar. Hoy, la DMC trabaja con herramientas que Cordero califica de efectivas pero insuficientes para la precisión que exige la gestión de emergencias.
El costo no es el obstáculo, según el climatólogo. «Estamos hablando de algunos millones de dólares», precisó, y agregó que «no es una inversión que el Estado de Chile, considerando nuestro nivel de desarrollo, no nos podamos permitir». El proyecto de la DMC contempla cerca de una docena de radares distribuidos estratégicamente en el país. Cordero recordó que tras los tornados de 2019 el gobierno comprometió esa instalación. Han pasado cinco años y la red no existe.
El académico subrayó que Chile cuenta con capital humano capacitado para operar los equipos y señaló como referencia a Argentina, país que no solo posee radares sino que los fabrica. La comparación no es menor: implica que la brecha no es técnica ni de recursos humanos, sino de decisión política y ejecución presupuestaria.
En cuanto al contexto climático inmediato, Cordero anticipó que las precipitaciones volverán a la zona centro-sur en los próximos días y eventualmente alcanzarán la Región Metropolitana. Las lluvias recientes permitieron revertir un déficit hídrico que en mayo y junio llegó a cerca del 85% en la zona central. El desafío, advirtió, es que esa recuperación ocurra sin nuevos desastres. El próximo sistema frontal estaría asociado a un río atmosférico, aunque de menor intensidad que el evento histórico reciente. Al cierre de su intervención, Cordero aclaró que no hay alertas vigentes, solo avisos meteorológicos.
Desde Ágora Capital, la lectura es directa: cuando el Estado promete infraestructura crítica y no la ejecuta, el costo no desaparece —se traslada a las emergencias, a los daños materiales y a la ineficiencia del gasto reactivo. Un radar instalado a tiempo es más barato que un desastre atendido tarde. El mercado de seguros, las aseguradoras agrícolas y los operadores de infraestructura ya saben esto. La burocracia, al parecer, todavía lo está procesando.


