El gobierno de Chile descartó este domingo decretar estado de catástrofe en las regiones afectadas por el sistema frontal que azotó al país. La decisión fue comunicada por el biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, al término de una mesa técnica nacional.
Alvarado explicó que los instrumentos disponibles «permiten atender esta fase de la emergencia» y que la prioridad inmediata es el rescate de personas aisladas, la recuperación de la conectividad y la reposición de servicios básicos.
La definición del Ejecutivo llega después de que alcaldes y autoridades locales de las zonas más afectadas solicitaran declarar esa medida para agilizar la disponibilidad de recursos destinados tanto a la emergencia como a la reconstrucción posterior.
El secretario de Estado precisó que este lunes el gobierno evaluará qué mecanismos serán necesarios para la siguiente etapa. «Cuando tengamos en el día de mañana la afectación real que haya tenido esta emergencia, vamos a evaluar cuáles son los instrumentos más adecuados para la siguiente etapa, que es la reconstrucción, entre ellos un estado de catástrofe por condiciones climáticas», afirmó Alvarado.
El Ejecutivo condicionó así cualquier declaración extraordinaria a la consolidación del catastro de daños, postergando una herramienta que las autoridades locales consideran urgente para destrabar fondos y acelerar la respuesta sobre el terreno.
---
La secuencia revela una tensión clásica entre la administración central y los gobiernos locales: quienes están frente al daño piden recursos ahora; quienes administran el presupuesto piden diagnóstico primero. El principio es razonable —el gasto público exige trazabilidad—, pero el costo del retraso lo pagan los afectados, no la burocracia que procesa los formularios.
Lo que el mercado y los contribuyentes deberían monitorear es si la eventual declaración, cuando llegue, viene acompañada de mecanismos de ejecución ágiles y rendición de cuentas clara. Los estados de catástrofe abren ventanas de gasto extraordinario; sin controles, esas ventanas también abren espacio para la ineficiencia. Capital busca reglas claras, incluso —y especialmente— en la emergencia.


