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Caracas rechaza cooperar con De la Espriella en reconstrucción post-terremoto y cierra la puerta a Bogotá

Venezuela declaró que la recuperación de las zonas afectadas por el doblete sísmico del 24 de junio corresponde «exclusivamente» al Estado venezolano y advirtió que «no está prevista articulación alguna» con el gobierno electo colombiano.
Imagen ilustrativa
sábado 11 de julio de 2026

El gobierno venezolano emitió un comunicado fechado en Caracas el 11 de julio de 2026 en el que rechazó cualquier participación del presidente electo colombiano Abelardo de la Espriella en la reconstrucción de las zonas afectadas por los terremotos del 24 de junio de 2026.

En el texto, Caracas afirmó haber observado «con extrañeza» las declaraciones de De la Espriella sobre supuestas atribuciones para participar «con amplias competencias» en ese proceso. El pronunciamiento fue categórico: «corresponde exclusivamente al Estado venezolano la conducción, planificación y ejecución del proceso de recuperación, reconstrucción y desarrollo integral de las zonas afectadas».

El comunicado también precisó que Venezuela «ha activado todas sus capacidades nacionales, incluyendo las instituciones del Estado, la industria nacional, sus empresas públicas y privadas, así como el talento técnico y profesional necesario». Aun así, el régimen dejó abierta una ventana: de ser necesario, establecerá alianzas «con empresas públicas y privadas internacionales» bajo sus propios términos soberanos.

Desde Bogotá, el canciller electo Omar Bula Escobar intentó enmarcar la relación bilateral en clave económica y de seguridad, al subrayar que ambos países son «muy ricos en recursos naturales y en talento humano». Bula Escobar anticipó una política «constructiva» orientada a «crear riqueza para los dos países» y a resolver «los problemas fronterizos», incluyendo el crimen organizado como desafío regional que involucra a Venezuela, Colombia y Ecuador.

El futuro canciller también dejó clara la alineación estratégica con Washington: «Vamos a ser aliados en ese sentido y nuestra alianza con Estados Unidos garantiza de alguna manera que nos incorporemos en ese proceso». La señal hacia la administración Trump es directa y deliberada.

Sobre el ritmo del cambio político en Venezuela, Bula Escobar fue cauteloso. Describió un enfoque de tres etapas —«estabilización, recuperación y transición»— y advirtió que «los cambios no se pueden hacer de un día para otro», dado que la configuración política venezolana tiene «raíces profundas». Frente a la posibilidad de nuevas elecciones, fue explícito: «No sería prudente que se realizaran unas elecciones mañana en Venezuela en esta situación».

El rechazo de Caracas revela la tensión de fondo que enfrentará De la Espriella desde antes de asumir. El régimen venezolano no reconoce interlocutores que lleguen alineados con Estados Unidos ni con una agenda de libre empresa y orden institucional. La respuesta colombiana —paciente, gradual, sin retirada del territorio venezolano— es políticamente inteligente, pero el capital político se consume rápido cuando el vecino cierra la puerta. Lo que está en juego no es solo la reconstrucción post-sísmica: es la posibilidad de que Colombia recupere influencia real en una frontera que el crimen organizado ha convertido en su propio mercado. Capital busca reglas claras, y en esa frontera hoy no las hay.

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