El ministro de Economía de Argentina, Luis Caputo, salió a aclarar sus dichos luego de que la Unión Industrial Argentina (UIA) respondiera públicamente a sus declaraciones en un evento de la Cámara de Agentes de Bolsa.
«Jamás dije tarados a los industriales, sino a los que defienden el modelo anterior que lo único que hizo crecer fue el déficit, y con ello, la inflación y la pobreza», escribió Caputo en su cuenta de X.
En el evento original, el titular del Palacio de Hacienda había señalado que la industria cayó 10% entre 2011 y 2023 «a pesar de estar subsidiada en tarifas por todos los argentinos», y que los precios internos llegaron a ser hasta diez veces superiores a los internacionales. Su argumento central: los sectores exportadores —petróleo, minería y agro— son los que aportan los dólares que permiten importar sin sobrecostos, girar dividendos y acceder a divisas para ahorro.
La réplica de la UIA
El presidente de la entidad, Martín Rappallini, no aceptó la premisa en silencio. «No voy a entrar en polémicas, pero no son declaraciones felices que ayudan al diálogo», dijo en Radio Mitre. Rappallini subrayó que «defender la industria no es incompatible con defender la estabilidad macroeconómica, la baja de la inflación, el equilibrio fiscal, la normalización de la economía».
La UIA presentó además un estudio comparativo: la carga tributaria sobre los productores industriales argentinos alcanza el 52%, el nivel más alto a escala global según el organismo. El sector genera el 18% del PBI, sostiene el 20% del empleo y representa el 27% de la recaudación tributaria nacional. «Aportamos a las arcas públicas casi el doble de lo que producimos. Somos el motor fiscal de la Argentina», señalaron desde la entidad.
Rappallini enumeró los problemas que afectan la competitividad: presión impositiva, costos laborales, déficit de infraestructura, falta de financiamiento, competencia desleal y bajo consumo. «No estamos defendiendo privilegios, lo que defendemos es que queremos tener las mismas condiciones para competir», afirmó.
Caputo, por su parte, anticipó que la infraestructura tendrá «un cambio sustancial» en los próximos dos años, y condicionó la baja de impuestos al crecimiento económico y la formalización: «Para seguir bajando impuestos, necesitamos que el país crezca y la economía se formalice».
Lectura de Ágora Capital
El intercambio expone una tensión real dentro del modelo Milei: el ajuste fiscal y la apertura importadora ordenan las cuentas, pero comprimen los márgenes de sectores que ya operan con una carga tributaria récord a nivel mundial. La industria no pide volver al cepo ni al subsidio indiscriminado; pide reglas de juego equiparables a las de sus competidores internacionales. Eso no es kirchnerismo: es libre empresa básica.
Capital busca reglas claras. Mientras la presión tributaria del sector industrial duplique su participación en el PBI, el argumento de que «el modelo anterior era peor» no alcanza para retener inversión. El Gobierno tiene razón en el diagnóstico histórico; el desafío ahora es traducir el orden macroeconómico en condiciones reales de competencia.


