El ministro de Economía argentino, Luis Caputo, salió este viernes a aclarar declaraciones que habían encendido la tensión con el empresariado industrial. «Jamás dije tarados a los industriales, sino a los que defienden el modelo anterior que lo único que hizo crecer fue el déficit, y con ello, la inflación y la pobreza», escribió el funcionario.
El origen del incidente se remonta al miércoles, durante un evento de la Cámara de Agentes de Bolsa. Allí, Caputo defendió la apertura comercial del gobierno de Javier Milei y, al referirse al desempeño industrial bajo gestiones previas, sostuvo que la producción «cayó 10% a pesar de estar subsidiados en tarifas y subsidiados por todos los argentinos». Fue en ese contexto donde empleó el término «tarados» para referirse a quienes atribuyen esa caída a la política actual.
Las palabras generaron una reacción inmediata. El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, junto con empresarios textiles y pymes, rechazaron el tono. Rappallini señaló que no son «declaraciones felices que ayuden al diálogo que tanto se necesita para sacar este país adelante».
Antes de que Caputo publicara su aclaración, el secretario de Política Económica, José Luis Daza, tomó la delantera en redes sociales. Daza precisó que entre 2012 y 2023 «se castigó a toda la economía, especialmente al campo y a los consumidores, para supuestamente ayudar a la industria», y que la producción industrial cayó «9,6%» en ese período. «Lo que dijo Toto no es un argumento en contra de la industria. Es un argumento en contra de quienes sostienen que ese modelo era una política pro industria», escribió Daza, dirigiéndose directamente a Rappallini.
Daza completó el mensaje con una definición de postura: «Toto y todo el equipo económico somos pro industria: una industria eficiente, competitiva, dinámica, que crezca aprovechando sus ventajas comparativas y las oportunidades que ofrece el mundo. Somos pro mercado».
Caputo compartió el texto de Daza y añadió su propia aclaración en los términos ya citados. El ministro también había señalado en el evento del miércoles que los dólares generados por la energía, la minería, el agro y la industria del conocimiento terminarán por «derramarse con el tiempo sobre el resto de la economía».
La lectura de Ágora Capital. El episodio ilustra una tensión estructural que el ajuste fiscal inevitablemente produce: cuando se retiran subsidios y se abre la competencia, los sectores que vivieron del proteccionismo sienten el impacto antes de que lleguen los beneficios de la eficiencia. Los números que cita el equipo económico —caída industrial de 9,6% bajo el modelo intervencionista— son el argumento más sólido disponible: el proteccionismo no protegió la producción, solo protegió el déficit. Capital busca reglas claras, no aranceles que le cobran el doble al consumidor para sostener industrias que igual retroceden. El diálogo que pide la UIA es legítimo; pero ese diálogo debe partir de los datos, no de la nostalgia por un modelo que, según las propias cifras, falló.


