El Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) entregó al gobierno entrante de Abelardo de la Espriella un mapa de riesgos con cuatro frentes prioritarios. El diagnóstico lo expuso Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de la entidad, en entrevista con Revista Semana.
La deuda, primer semáforo en rojo. Según Díaz-Granados, la deuda pública colombiana escaló de niveles cercanos al 38 % del PIB a casi el 60 % —«no más de 58 %», precisó—. Ese salto comprime el margen fiscal del Estado y limita su capacidad de financiar inversión y programas sociales. «Hay un crecimiento del nivel de la deuda muy grande», advirtió el funcionario. El Gobierno de De la Espriella deberá construir una ruta clara hacia la sostenibilidad.
Salud, el segundo frente. El déficit estructural del sistema sanitario representa una presión simultánea sobre las finanzas públicas y la prestación de servicios. La CAF identificó este punto como un problema que requiere soluciones de fondo, no parches presupuestales.
El Niño, riesgo físico con consecuencias económicas. El tercer desafío es la preparación ante el fenómeno climático, con impacto directo en seguridad energética, infraestructura hídrica y comunidades vulnerables. La anticipación, subrayó Díaz-Granados, es más barata que la respuesta tardía.
Instituciones, el activo más escaso. El cuarto punto es el fortalecimiento del aparato estatal: digitalización, eficiencia del gasto y lucha contra la corrupción. Para la CAF, sin instituciones confiables no hay inversión privada sostenida.
La meta: crecer por encima del 4 %. Díaz-Granados sostuvo que Colombia necesita superar ese umbral anual para cerrar brechas sociales y fiscales. El camino, según el banco, pasa por atraer inversión privada y extranjera, ampliar infraestructura y enviar señales de estabilidad a los mercados. La CAF ofreció instrumentos de financiamiento para el gobierno nacional, regiones y sector privado en el marco de una alianza ya anunciada para el periodo 2026-2030.
Sobre el escenario político, Díaz-Granados afirmó que una oposición fuerte no preocupa a la entidad: «Debe existir oposición cuando sea necesaria, pero también capacidad para construir consensos cuando estén en juego los intereses del país».
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El diagnóstico de la CAF confirma lo que el mercado ya venía descontando: cuatro años de expansión del aparato estatal dejaron una factura fiscal considerable y un sector salud con desequilibrios estructurales. La buena noticia es que De la Espriella llega con un mandato distinto —orden, inversión, reglas claras— y con el respaldo operativo de un banco multilateral dispuesto a cofinanciar la transición.
El reto no es menor. Reducir la deuda sobre PIB, sanear la salud y preparar la infraestructura ante El Niño exige disciplina presupuestal y apertura al capital privado, no más gasto corriente. Capital busca reglas claras, y Colombia tiene ahora la oportunidad de ofrecerlas.


