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Broda advierte: el 87% de la economía argentina creció «levemente negativo» y la reelección de Milei no está garantizada

El consultor Miguel Ángel Broda señala que energía, minería y finanzas traccionan el PBI, pero los sectores que generan empleo masivo no despegan. Sin 2% de crecimiento adicional, la continuidad del programa queda en riesgo.
Imagen ilustrativa
miércoles 5 de agosto de 2026

Los números tienen una lógica implacable. El economista Miguel Ángel Broda expuso esta semana una radiografía incómoda del ciclo Milei: si se excluyen energía, minería e intermediación financiera, el resto de los sectores —que representan el 87% del PBI— creció «levemente negativo» en los primeros meses del año.

Esa fractura explica la tensión entre los indicadores macro y lo que se siente en la calle. «Esos sectores que no crecen son los que más trabajo dan, por eso en la calle tenés el griterío», sintetizó Broda en declaraciones al programa La Mirada.

La condición electoral

El consultor fue directo sobre lo que está en juego en 2027: «La reelección del Presidente depende de que el resto de la economía —no la parte que crece— crezca dos por ciento de acá en adelante». Y marcó distancia con el optimismo de sus propios clientes: «Por primera vez en 40 años, difiero de la probabilidad que mis clientes le dan a la reelección. Ellos ven una certeza altísima; yo veo una transición muy compleja».

Los motores del consumo, según Broda, siguen averiados: el crédito cae, la masa salarial real cae y el ingreso disponible —descontando el reajuste de tarifas públicas— «ha dejado de caer hace 60 días, pero está en el pozo».

Cambio de agenda social

Un dato de encuestas refuerza la advertencia: la inflación ya no lidera las preocupaciones de la población. «Ahora la prioridad es el desempleo y el salario. Cambiaron enormemente las expectativas sobre cuál es su principal problema», señaló el economista.

Ese corrimiento es relevante porque el Gobierno construyó buena parte de su capital político sobre la derrota de la inflación. Si el electorado recalibra su vara hacia el empleo y el salario real, el terreno se vuelve más exigente.

Tipo de cambio y apertura: el dilema sin salida fácil

Broda también advirtió sobre la política cambiaria. Reconoció que «seguramente la calle estará mejor con un dólar un poco más caro», pero señaló que «la obsesión con la inflación claramente no permite un ajuste». Al mismo tiempo, alertó sobre el costo de abrir la economía con tipo de cambio apreciado: «De cada diez empresas que cierran, cinco sea 'al cuete'».

En ese contexto, el economista incorporó la variable global: China produce más del 30% de la industria mundial y todos los países están poniendo obstáculos a sus importaciones. «Abrir la economía en un contexto donde el tipo de cambio favorece las importaciones no es lo mejor para un país que tiene que sostener su industria», afirmó quien se definió como defensor histórico del libre comercio.

La lectura de Ágora Capital

El diagnóstico de Broda no invalida el mérito del ajuste fiscal ni la ruptura con décadas de populismo monetario. Lo que señala es algo que el libre mercado conoce bien: las reformas estructurales tienen costos de transición reales, y esos costos los pagan trabajadores y pequeñas empresas antes de que lleguen los beneficios.

El propio Broda lo dijo con claridad: «Un cambio de régimen como el que encaró la Argentina requiere entre tres y cinco gobiernos consecutivos para consolidarse». Capital busca reglas claras, pero también busca continuidad. Si la transición no se administra con precisión, el riesgo no es técnico —es político, y los mercados ya saben qué pasa cuando Argentina interrumpe sus ciclos de reforma.

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