El mercado de crudo respondió con rapidez. Los futuros del Brent subieron 1,01% hasta US$ 87,26 por barril, aunque en horas de la madrugada rozaron los US$ 90, según registros de Tradingview. El WTI avanzó 1,05%, hasta US$ 83,61 por barril.
La causa fue la ofensiva lanzada la noche del miércoles por fuerzas estadounidenses en represalia por los misiles iraníes disparados el martes contra efectivos de EE.UU. desplegados en la región. El Comando Central (Centcom) calificó la operación como una «poderosa respuesta» y detalló que se prolongó dos horas, golpeando decenas de objetivos de la Guardia Revolucionaria repartidos por territorio iraní: centros de mando, instalaciones de misiles y drones, sistemas de vigilancia y defensa costera, y capacidades marítimas.
Horas antes del ataque, Donald Trump había adelantado la represalia en declaraciones a un periodista de Fox News, citadas por CNBC: «Los golpearemos duro. Van a recibir una paliza». El mercado, en consecuencia, no fue tomado por sorpresa; sí lo fue la diplomacia.
El episodio interrumpe el intento diplomático más avanzado desde que estalló el conflicto, a fines de febrero. EE.UU. había suspendido el fin de semana pasado dos semanas de fuego sostenido contra objetivos iraníes con el propósito de dar «espacio» a las negociaciones de paz, de acuerdo con CNBC. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica amenazó con responder con una nueva escalada, sin que hasta ahora se conozcan detalles de esa advertencia.
Son cinco meses de hostilidades que han alterado el tránsito por el Estrecho de Ormuz, la ruta por donde circula buena parte del crudo del Golfo Pérsico. Liza Salinas, Branch Business Director de Liberty Finance-Life, resumió la dinámica: «Cada gesto en el estrecho de Ormuz mueve el barril varios dólares en cuestión de horas, y mientras esa incertidumbre persista, el crudo seguirá siendo la variable más nerviosa del tablero y una amenaza directa para las expectativas inflacionarias».
Superada la reacción inicial, la atención gira hacia la reunión de la OPEP+ del domingo. La expectativa que recoge CNBC es que el grupo anuncie para septiembre un aumento de suministro de 188.000 barriles diarios. Estrategas de ING advierten, sin embargo, que «la gran incertidumbre hasta 2027 estará en torno a la política del grupo, con la posibilidad de que haya resistencia a las cuotas de producción».
El impacto llega a los surtidores. La Empresa Nacional del Petróleo (Enap) informó este miércoles que el litro de gasolina de 93 octanos subirá $32,9, igual alza que la de 97 octanos, mientras el diésel se incrementará $28,5. El economista Juan Ortiz, del OCEC-UDP, proyecta que si el crudo se mantiene en niveles actuales, el 20 de agosto podría registrarse una nueva alza de «unos $36 por litro para las gasolinas, y de $34 para el diésel».
Desde Ágora Capital, el cuadro es nítido: la inestabilidad en Medio Oriente no es un riesgo abstracto, es un impuesto invisible que pagan los consumidores y las cadenas productivas de todo el mundo. Cada escalada militar traslada volatilidad directamente al costo de vida. El libre mercado puede fijar precios con eficiencia, pero no puede sustituir la certeza jurídica y la estabilidad geopolítica que el capital necesita para planificar. Mientras el Estrecho de Ormuz siga siendo un punto de presión, el barril seguirá siendo la variable que ningún banco central puede controlar del todo.


