Los mercados energéticos respondieron con fuerza el lunes a la suspensión de ataques entre Estados Unidos e Irán. Los futuros del crudo Brent descendían hasta un 7,8%, con una baja de 7,55 dólares, para ubicarse en torno a los 89,23 dólares por barril. El West Texas Intermediate (WTI) retrocedía 6,01 dólares, o un 6,7%, hasta los 83,30 dólares. Ambos contratos tocaban así sus niveles más bajos desde el 20 de julio.
La caída revierte parte de las subas acumuladas en semanas recientes, cuando el conflicto llevó al Brent a superar los 100 dólares el jueves pasado. La guerra en Medio Oriente comenzó el 28 de febrero con una campaña de bombardeos israelíes y estadounidenses, y ha causado miles de muertos, además de sacudir la economía mundial al bloquear el tráfico en el estrecho de Ormuz, por donde antes del conflicto transitaba cerca de una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos.
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, señaló el domingo que el presidente Donald Trump decidió interrumpir los bombardeos para «dejar espacio a las negociaciones», tras 13 días consecutivos de ataques que incluyeron represalias iraníes contra bases estadounidenses en la región. Sin embargo, Irán descartó cualquier contacto directo con Washington. «No estamos involucrados en ninguna negociación con Estados Unidos», afirmó el vocero de la cancillería iraní, Esmail Baqai, quien calificó de «invenciones» las versiones sobre contactos diplomáticos. Teherán sí negocia con Omán la administración del estrecho, pero sin participación estadounidense.
El optimismo del mercado choca con una realidad operativa complicada. Datos de la firma Kpler mostraron que durante el fin de semana menos de diez buques de mercancías cruzaron diariamente el estrecho, muy por debajo de los niveles habituales. Medios estatales iraníes reportaron que seis buques fueron obligados a dar media vuelta por no respetar las rutas autorizadas. Analistas advierten que cualquier recuperación del flujo será gradual, ya que las navieras siguen evaluando los riesgos de seguridad.
Desde ING, analistas señalaron que la caída de los precios refleja «la desesperación del mercado por recibir noticias positivas», aunque advirtieron que los riesgos siguen latentes. El analista John Evans, de PVM, consideró que la tregua «no viene acompañada de garantías de que el petróleo vaya a fluir pronto». A esto se suma la tensión en el mar Rojo, donde el tráfico por el estrecho de Bab el-Mandeb se redujo tras ataques de rebeldes hutíes a instalaciones petroleras sauditas. Según analistas de UOB, una interrupción prolongada del suministro podría mantener elevados los precios del crudo y seguir presionando al alza la inflación mundial.
El mercado ya votó: la tregua vale, pero no cierra la cuenta. Con Ormuz operando a fracción de su capacidad y Teherán negociando el acceso marítimo por canales propios, el flujo de crudo sigue siendo rehén de una diplomacia fragmentada. Para los consumidores globales, cada semana de tránsito restringido es un impuesto invisible que pagan en la bomba de gasolina y en la cadena de suministro. Capital busca reglas claras; lo que hay hoy es una pausa, no una solución.


