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Brasil descarta represalias y ofrece negociar el arancel del 25 % que Trump impuso a sus exportaciones

El vicepresidente Alckmin suavizó el discurso inicial de Lula y apostó por la diversificación comercial mientras 7.400 millones de dólares en ventas anuales quedan bajo presión arancelaria.
Imagen ilustrativa
miércoles 22 de julio de 2026

El vicepresidente brasileño Geraldo Alckmin descartó este martes la retaliación directa contra Estados Unidos tras la entrada en vigor del arancel del 25 % que la Administración Trump impuso a parte de las importaciones brasileñas.

«La idea no es la retaliación. Dicen que 'ojo por ojo' y lo que puede pasar es que los dos queden ciegos», declaró Alckmin ante periodistas. El funcionario moderó así el tono de la carta emitida por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva días atrás, en la que se anunciaba el inicio de trámites para aplicar la ley de reciprocidad.

Los números del diferendo

Alckmin argumentó que el gravamen es «injusto e infundado» con datos técnicos oficiales. Según el vicepresidente, Washington mantiene superávit comercial con Brasil tanto en bienes como en servicios. La tarifa promedio que Brasil aplica a productos estadounidenses es de solo 3,1 %, y para siete de los diez principales productos que EE. UU. exporta a Brasil la tasa es cero.

Los sectores afectados por el nuevo arancel representan aproximadamente un 18 % de las exportaciones brasileñas hacia ese país, equivalente a unos 7.400 millones de dólares anuales. No obstante, Trump eximió del arancel a unos 2.100 productos brasileños, entre ellos carne, café, petróleo, tierras raras y obras de arte.

El nuevo arancel es resultado de una investigación de un año de la Oficina del Representante de Comercio de EE. UU. (USTR), que concluyó que ciertas prácticas del Gobierno brasileño son «irrazonables» y perjudican la economía estadounidense. Entre esas prácticas, la USTR citó el sistema de pagos PIX, las normas anticorrupción, las leyes de propiedad intelectual, el acceso al mercado de etanol y la supuesta tolerancia a la deforestación ilegal.

Diversificación como respuesta

Alckmin subrayó que Brasil alcanzó un récord histórico de exportaciones el año pasado por 349.000 millones de dólares, y que en el primer semestre de este año se registraron récords de exportación hacia 54 países y en 49 productos distintos. Citó como ejemplo el acuerdo Mercosur-Unión Europea, mediante el cual las exportaciones brasileñas crecieron 2.000 millones de dólares en sesenta días, además de acuerdos con Singapur y el EFTA.

Lectura de Ágora Capital

La moderación de Brasilia es una señal de que el capital exportador brasileño —no el discurso político de Lula— está marcando el paso. Cuando 7.400 millones de dólares en flujos comerciales están en juego, la retórica de reciprocidad cede ante la aritmética del mercado.

La lección es conocida: las guerras arancelarias las pagan los productores y los consumidores, no los gobiernos. Que Brasil prefiera la mesa de negociación a la escalada confirma que, en materia de libre comercio, los incentivos económicos terminan por imponerse sobre la política. Capital busca reglas claras, y Brasilia, al menos por ahora, parece haberlo entendido.

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