Los números llegaron antes que los discursos. Entre el 1 de enero y el 13 de julio de 2026, Bogotá registró reducciones en seis modalidades de hurto frente al mismo periodo de 2025, según el Sistema de Información Estadístico, Delincuencial, Contravencional y Operativo (Siedco).
El hurto a comercios encabeza la tabla con una caída del 22%, resultado que la administración distrital atribuye al aumento de patrullajes en corredores comerciales, operativos de inspección y estrategias como el Plan Gourmet y la intervención de los Grupos Especiales Motorizados (Gema). Las capturas incluyeron a alias Gafas, señalado por las autoridades como responsable de múltiples robos a locales.
El hurto a personas —el delito que más golpea la percepción de seguridad— bajó 18%. Las megatomas en distintas localidades, los controles de identificación en vía pública y los operativos en la troncal de TransMilenio de la avenida Caracas, entre la avenida Jiménez y la calle 76, figuran entre las acciones citadas en el balance oficial.
El robo de automóviles descendió 14%. En ese frente, las investigaciones judiciales desarticularon a la organización conocida como «Los Pumas», señalada de hurtar vehículos de plataforma y automóviles de alta gama. Su presunto cabecilla, alias Sebas, fue capturado durante el operativo.
Las motocicletas y los celulares registraron cada uno una reducción del 9%, mientras que el hurto de bicicletas cayó 4%. Los controles de placas, inspecciones a talleres y la verificación de antecedentes explican, según las autoridades, el comportamiento del segmento de motos.
El secretario Distrital de Seguridad, César Restrepo, atribuyó los resultados a la constancia operativa: «Estos resultados demuestran que reforzar los operativos en calle, realizar intervenciones focalizadas, la denuncia ciudadana y fortalecer la capacidad operativa está consolidando una tendencia de reducción de los delitos que más afectan a la ciudadanía», afirmó.
La lectura de Ágora Capital. Los datos de Bogotá ilustran una ecuación que el petrismo nacional prefiere ignorar: cuando el Estado cumple su función básica —garantizar orden y propiedad— la actividad económica respira. Un comercio que no teme el robo contrata, invierte y paga impuestos; uno que cierra temprano por inseguridad destruye empleo y base tributaria. La reducción del 22% en hurtos a establecimientos no es solo una estadística policial; es una señal de que el entorno para la libre empresa puede mejorar cuando la gestión se mide por resultados y no por ideología. Capital busca reglas claras —y calles seguras son la primera de ellas.


