La secretaria de Hacienda de Bogotá, Cadena, anunció que en los próximos días la Alcaldía radicará ante el Concejo un proyecto de reforma tributaria distrital. La iniciativa contempla tres supresiones y un esquema de incentivos para inversión nueva.
Los tres impuestos en la mira
El primero es el impuesto de Publicidad Exterior Visual, que recae sobre quienes instalan elementos publicitarios visibles en la ciudad. El segundo es el impuesto unificado de Fondo de Pobres, Azar y Espectáculos, vinculado al sector de juegos de azar. El tercero —y el de mayor alcance práctico— es la retención del Impuesto de Industria y Comercio (ICA) sobre pagos con tarjeta débito, tarjeta crédito, billeteras digitales y Bre-B, cuando los ingresos del negocio sean inferiores a 1.933 UVT.
Esa última medida apunta directamente a pequeños comerciantes y emprendedores que hoy asumen esa retención cada vez que un cliente paga de forma electrónica. En la práctica, representa un costo de flujo de caja que castiga precisamente a quienes adoptaron medios de pago digitales.
Incentivo para inversión en activos fijos
Además de las supresiones, la propuesta incluye una exención progresiva del ICA durante diez años para empresas que realicen nuevas inversiones en la capital por un monto igual o superior a 4.600 millones de pesos en activos fijos. El mecanismo busca atraer capital productivo al distrito.
La reforma no puede aplicarse por decreto: requiere aprobación del Concejo de Bogotá, por lo que su alcance final dependerá del debate legislativo local.
Lectura de Ágora Capital
Cada peso que el aparato distrital deja de retener es un peso que permanece en la caja del emprendedor. La eliminación de la retención del ICA en pagos electrónicos corrige una paradoja: el Estado promovía la bancarización con una mano y penalizaba el flujo de caja del pequeño comercio con la otra. Simplificar el sistema tributario —menos tributos, reglas más claras— reduce el costo de cumplimiento y libera recursos que el mercado asigna mejor que cualquier burocracia.
El incentivo a la inversión en activos fijos apunta en la misma dirección: capital busca reglas claras, y una exención progresiva a diez años ofrece exactamente eso. Si el Concejo aprueba la iniciativa sin desnaturalizarla, Bogotá podría enviar una señal inusual en el contexto del petrismo nacional: que al menos a nivel distrital, la libre empresa todavía tiene espacio.


