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BCV inyectará más de USD 1.869 millones en julio y la brecha cambiaria cae por debajo del 20%

El economista Alejandro Grisanti ve en la venta de divisas en efectivo y el respeto a los precios de las mesas cambiarias la señal más clara de normalización del mercado venezolano en años.
Imagen ilustrativa
jueves 9 de julio de 2026

El Banco Central de Venezuela (BCV) combinará sus intervenciones tradicionales con ventas de divisas en efectivo, retomará el tipo de cambio promedio de las mesas cambiarias como referencia y prevé inyectar más de USD 1.869 millones durante julio, según el análisis del economista Alejandro Grisanti, socio de Ecoanalítica.

La cifra representa, según Grisanti, una de las más altas de los últimos años. El efecto ya es visible: la brecha cambiaria se redujo a niveles por debajo del 20%, su punto más bajo desde 2024.

Grisanti señaló que el BCV ha respetado los precios resultantes de las mesas de cambio del sistema financiero, sin anular operaciones como ocurría anteriormente. «En los últimos días, las mesas de cambio del sistema financiero han venido operando con mucha mayor libertad», afirmó el economista. Para él, ese cambio operativo es «probablemente el indicio más claro» de que las autoridades avanzan hacia una mayor normalización.

El analista también precisó cuál debería ser el siguiente movimiento: no ampliar las intervenciones del BCV, sino «permitir que el sistema financiero venda libremente las divisas que recibe en todos los segmentos del mercado». La distinción importa: más intervención estatal y más libertad operativa no son la misma cosa, aunque a veces produzcan efectos parecidos en el corto plazo.

Ecoanalítica había anticipado esta dirección cuando otros proyectaban nuevas restricciones para personas naturales. «Mientras algunos anticipaban nuevas restricciones para las personas naturales, en Ecoanalítica sostuvimos que el camino sería exactamente el contrario: más oferta de divisas, mayor disponibilidad de efectivo y continuidad en la normalización del mercado cambiario», recordó Grisanti.

Desde Ágora Capital, los números merecen una lectura sin eufemismos. Una brecha cambiaria por debajo del 20% y una inyección récord de divisas son datos positivos para cualquier agente económico que opere en Venezuela. Pero la arquitectura que los sostiene sigue siendo frágil: la normalización depende de la voluntad del BCV de respetar precios que él mismo puede anular. No es un mercado libre; es un mercado tolerado.

El paso que describe Grisanti —permitir que la banca venda libremente sus divisas— apunta en la dirección correcta. Capital busca reglas claras, no gestión discrecional. Mientras la estabilidad cambiaria venezolana dependa de decisiones administrativas y no de un marco legal predecible, el riesgo de reversión permanece sobre la mesa.

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