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Banco de Bogotá proyecta mercado de 80 millones con Venezuela y apuesta por la próxima década

Juan Carlos Echeverry ve una oportunidad histórica en la reconstrucción venezolana. El sector financiero colombiano podría ser la fuente de crédito para ese proceso.
Imagen ilustrativa
sábado 18 de julio de 2026

Juan Carlos Echeverry, presidente del Banco de Bogotá, lanzó una tesis que pocos en el sistema financiero colombiano se atreven a articular con tanta claridad: Colombia y Venezuela conforman un mercado potencial de cerca de 80 millones de habitantes. Ese bloque, dice, podría convertirse en uno de los polos de desarrollo más relevantes al sur de México.

La premisa es concreta. La reconstrucción venezolana requerirá inversiones durante varias décadas. Las empresas que operen allá necesitarán crédito, servicios transaccionales y acompañamiento bancario. «Si ellos necesitan invertir allá, nosotros podemos ser la fuente», afirmó Echeverry. El ejecutivo incluso retomó una propuesta de un amigo venezolano: crear un banco central común para ambos países, similar al modelo europeo. También llamó a abrir plenamente las fronteras «de jure», no solo de facto.

Echeverry identifica tres factores que hoy presionan la economía colombiana. Primero, la inflación. Segundo, las tasas de interés al alza. Tercero, el deterioro del sector público. Los tres, en su diagnóstico, tienen el mismo origen: «Un Gobierno subiendo salarios y gastando en exceso». Ese choque fiscal y salarial obligó al Banco de la República a reaccionar. El resultado es conocido: menos demanda de crédito y márgenes financieros más estrechos.

Pese a ese cuadro, el ejecutivo no abandona el optimismo. Señala que Colombia se transformó en los últimos 15 años. Exportaciones no tradicionales, turismo, remesas e inversión extranjera diversificaron la base productiva. Este año el barril de petróleo superó los 100 dólares y luego retrocedió a cerca de 70 dólares, sin que eso generara una crisis fiscal. «Colombia es un país sólido, pese al mal manejo de las finanzas públicas por parte del Gobierno», subrayó.

Echeverry describe la década 2015-2025 como «sombría» y anticipa que la siguiente será muy buena. Las familias, dice, superaron el mal rato de 2023 y 2024. Ya compran motos y autos. Las empresas, por su parte, estuvieron subinvirtiendo. En los próximos dos a cuatro años deberán ampliar planta, contratar personal y comprar bodegas. Esa corrección, sumada a la solidez financiera de las compañías colombianas, alimenta su lectura positiva para 2026 y 2027.

Desde Ágora Capital, el análisis de Echeverry merece atención por lo que revela y por lo que omite. Su diagnóstico sobre el gasto público excesivo es preciso: el deterioro fiscal no cayó del cielo, fue una decisión de política. La tesis venezolana, en cambio, depende de una variable que el mercado aún no puede descontar: un cambio de régimen real y condiciones jurídicas que protejan la inversión privada. Capital busca reglas claras. Sin ese piso institucional, la oportunidad de los 80 millones seguirá siendo una proyección, no un flujo. El sector financiero colombiano tiene la capacidad. La pregunta es si el entorno político regional le dará la cancha.

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