El presidente de Honduras, Nasry Asfura, volvió a colocar el rescate de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) en el centro de su agenda de gobierno. En una comparecencia pública, el mandatario advirtió que la crisis de la estatal absorbe recursos que deberían destinarse a educación y salud, y que su deterioro financiero limita la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros.
«O rescatamos, salimos adelante, Honduras no va a tener suficientes recursos para invertir en educación y salud. La ENEE es de cada uno de nosotros los hondureños», afirmó Asfura.
El gobernante reconoció que los problemas de la empresa son estructurales y acumulados durante varios años. «Los números son terriblemente malos de los últimos años», señaló, y descartó soluciones inmediatas: «No hay una varita mágica».
Asfura fue explícito en que su objetivo no es privatizar la empresa sino hacerla eficiente. «La ENEE va a seguir siendo de Honduras siempre, pero tenemos que hacerla eficiente y sostenible; si no, no vamos a salir adelante», expresó. El mandatario subrayó que la ineficiencia de la estatal reduce la capacidad del Estado para invertir en áreas prioritarias y afecta el clima de negocios: «Le quita recursos al Estado. El Estado pierde credibilidad, no viene la inversión por falta de energía y no hay oportunidades de empleo».
Expertos en materia energética han identificado como principales desafíos de la ENEE las pérdidas técnicas y no técnicas, la elevada deuda acumulada, los problemas de gestión financiera y la necesidad de modernizar la infraestructura de transmisión y distribución.
En paralelo, Asfura informó que el Gobierno ejecuta una licitación superior a 167 millones de lempiras para reducir la mora quirúrgica en la red hospitalaria nacional, e impulsa el programa «La Salud Más Cerca de Usted», que incluye brigadas médicas y digitalización de expedientes clínicos. También anunció que entre el martes 14 y el miércoles 15 se espera concretar la venta del avión presidencial, adjudicado en subasta pública por un monto superior a 137 millones de lempiras, decisión que el mandatario justificó por los elevados costos de mantenimiento y la depreciación de la aeronave.
El diagnóstico de Asfura sobre la ENEE confirma una verdad incómoda que los gobiernos anteriores prefirieron ignorar: una empresa estatal ineficiente no es un activo social, es un impuesto encubierto que paga el contribuyente y que castiga la productividad de toda la economía. Cada lempira que la ENEE consume sin generar valor es un lempira que no llega a una escuela ni a un quirófano. El camino correcto es la eficiencia operativa con apertura a la inversión privada; sin esa palanca, el rescate seguirá siendo retórica presupuestaria. El mercado ya votó: sin energía confiable y sin reglas claras, el capital simplemente no llega.


