Los mercados asiáticos cerraron la semana en rojo. El detonante fue la entrada en vigor, a las 00:01 del viernes hora del Este, de los nuevos aranceles estadounidenses de entre el 10% y el 12,5% sobre importaciones procedentes de 60 países, en sustitución del arancel global temporal del 10% que había regido hasta entonces.
Seúl lidera las pérdidas. El Kospi cedía más de un 5,4%, cerca de 400 puntos, mientras el Kosdaq perdía casi un 5%. El peso de los semiconductores en la bolsa surcoreana amplificó el golpe: Samsung Electronics se desplomaba casi un 8% y SK Hynix caía más de un 7,8%.
Tokio y Taipéi, bajo presión. El Nikkei perdía cerca de un 2,9%, algo menos de 2.000 puntos, lastrado por tecnológicas y semiconductores. Al factor arancelario se sumó el encarecimiento del petróleo vinculado al conflicto en Oriente Medio. El Taiex de Taipéi cedía un 2,7% minutos antes del cierre de su jornada.
China continental, moderada pero negativa. Shanghái bajaba un 1,09% y Shenzhen un 1,66%. El CSI 300, que agrupa los 300 principales valores de ambas plazas, retrocedía un 1,11%. Hong Kong, con el Hang Seng en -1,21%, acusó la presión sobre tecnológicas e inmobiliarias. El mercado de Pekín, de creación más reciente y enfocado en pymes, cedía un 2,83%.
India pierde 62.000 millones de dólares. El Sensex y el Nifty 50 caían más de un 1% en las primeras operaciones, con retrocesos de hasta un 1,5% en los índices de mediana y pequeña capitalización. Medios financieros locales estimaron que la sesión borró unos 62.000 millones de dólares de capitalización bursátil.
El Sudeste Asiático, con pérdidas moderadas. Indonesia (-1,66%) y Filipinas (-1,22%) lideraron los retrocesos en la región. Singapur, Malasia, Vietnam y Tailandia registraron caídas inferiores al 0,5%.
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El mercado ya votó. La señal que llega desde Asia es inequívoca: el capital penaliza la incertidumbre arancelaria con rapidez y sin matices. Los semiconductores —cadena de valor estratégica para la economía digital global— concentraron el mayor daño, lo que subraya cuánto depende la productividad mundial de flujos comerciales predecibles.
Desde la línea editorial de Ágora Capital, la pregunta relevante no es si los aranceles duelen a corto plazo —los números lo confirman—, sino si la presión generada obliga a socios comerciales a ofrecer condiciones más favorables al libre mercado. El riesgo país se gestiona con reglas claras; la volatilidad de hoy es el precio de una negociación que aún no ha concluido.


