La Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG) encendió la alarma esta semana: los aranceles que Estados Unidos prevé imponer a los medicamentos genéricos a partir de 2028 podrían comprometer la seguridad del suministro, aumentar el riesgo de desabastecimientos y dificultar el acceso de los pacientes a medicamentos esenciales y asequibles.
El sector no es menor. Los genéricos representan la inmensa mayoría de las prescripciones dispensadas tanto en Estados Unidos como en Europa, y según la Critical Medicines Alliance de la UE, el 90% de los medicamentos críticos para los sistemas sanitarios europeos son precisamente genéricos. Se producen, además, en un entorno de elevada competencia y márgenes muy reducidos.
El problema de gravar márgenes ya ajustados
Desde AESEG sostienen que imponer aranceles a este tipo de medicamentos «no solo encarecería las cadenas de suministro, sino que podría comprometer la viabilidad económica de determinados productos, especialmente aquellos considerados críticos para los sistemas sanitarios». La lógica es directa: cuando el margen es mínimo, cualquier sobrecosto adicional puede hacer inviable la producción de ciertos principios activos.
La asociación también rechaza el argumento de que los aranceles sirvan para relocalizar industria. Su posición es clara: «ninguna empresa puede tomar decisiones de inversión a largo plazo únicamente sobre la base de medidas arancelarias». Lo que sí genera inversión, según AESEG, son políticas industriales estables, marcos regulatorios eficientes e incentivos sostenidos en el tiempo.
Europa también tiene su parte de responsabilidad
El comunicado no esquiva la autocrítica. AESEG plantea que si los genéricos son activos estratégicos desde el punto de vista geopolítico, ese reconocimiento debe traducirse en políticas coherentes. La frase es directa: «No es posible reclamar autonomía estratégica, resiliencia industrial y capacidad de respuesta ante futuras crisis mientras se mantiene una presión estructural y continuada sobre los precios de los medicamentos genéricos».
España, señala la asociación, dispone de una de las principales capacidades de fabricación de genéricos en Europa y podría desempeñar un papel relevante en el fortalecimiento de las cadenas de suministro sanitarias, siempre que avance hacia un marco que valore adecuadamente la producción de medicamentos esenciales.
Lectura de Ágora Capital
El debate tiene dos frentes que conviene separar. La política arancelaria de Washington responde a una lógica de reindustrialización legítima, pero aplicarla a genéricos de margen mínimo es un instrumento torpe: no mueve fábricas, sí encarece el acceso a medicamentos. El mercado ya votó hace décadas a favor de cadenas globales especializadas precisamente porque reducen costos para el paciente.
El segundo frente es europeo, y es donde el argumento de AESEG resulta más incómodo para Bruselas: no se puede exigir resiliencia industrial mientras la regulación de precios ahoga la rentabilidad del sector. Capital busca reglas claras y retornos predecibles; si el marco europeo no los ofrece, la capacidad productiva estratégica seguirá migrando. La solución no es más burocracia arancelaria a uno u otro lado del Atlántico, sino marcos que permitan fabricar medicamentos críticos de forma competitiva y rentable.


