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Wall Street exige retornos: las grandes tecnológicas quemaron decenas de miles de millones en IA y el mercado pide cuentas

Microsoft invirtió US$65.000 millones en infraestructura de IA en su ejercicio fiscal 2025; aun así, sus acciones cayeron 20% en el primer semestre de 2026. El flujo de caja libre se comprime y las recompras —motor silencioso del EPS— empiezan a ceder terreno.
Imagen ilustrativa
miércoles 8 de julio de 2026

Las grandes tecnológicas llevan años prometiendo que la inteligencia artificial transformará sus negocios. Ahora Wall Street les presenta la factura.

Durante el primer semestre de 2026, Microsoft (MSFT) perdió un 20% en bolsa y Oracle (ORCL) retrocedió un 27%, mientras Alphabet (GOOGL) avanzó un 14%. El mercado ya no premia el gasto; exige saber cuándo llega el retorno.

Jan Frederik Slijkerman, estratega sénior de TMT en ING, resume la tensión: «el mercado se encuentra en un proceso de determinación de precios, evaluando cómo valorar la rentabilidad futura de las inversiones relacionadas con la IA». En otras palabras, la demanda existe —Microsoft registra ingresos anualizados de US$37.000 millones en servicios de IA—, pero el capital desplegado para sostenerla es colosal.

El flujo de caja, bajo presión

Microsoft destinó US$65.000 millones a infraestructura de nube e IA en su ejercicio fiscal 2025. Alphabet equivale al 44% de sus ventas en inversión de capital para el ejercicio fiscal 2026, con una depreciación del 14% sobre ventas. En Microsoft esas ratios alcanzan el 35% y el 14%, respectivamente; en Amazon, el 24% y el 13%.

La mayoría de estas compañías puede financiar ese gasto con flujo de caja operativo propio, lo que mantiene los balances sólidos según ING. El problema es otro: a medida que sube la inversión, el flujo de caja libre se reduce y con él la capacidad de sostener los programas de recompra de acciones.

Ese detalle importa más de lo que parece. Alphabet redujo un 9,5% su número de acciones en circulación entre el cierre de 2020 y el de 2025 mediante recompras, mecanismo que impulsó el crecimiento del beneficio por acción sin necesidad de crecer en ingresos al mismo ritmo. Slijkerman advierte que «sin el respaldo de las recompras de acciones, los inversores podrían estar menos dispuestos a pagar múltiplos de 40 veces beneficios en el futuro».

Riesgos diferenciados

No todas las empresas corren el mismo riesgo. Oracle mantiene un programa de inversión especialmente agresivo vinculado al proyecto Stargate y, según las previsiones recogidas por ING, su EBITDA menos inversiones de capital pasaría a terreno negativo, una situación distinta a la de Microsoft o Alphabet que podría obligarla a buscar financiación adicional para preservar su calificación crediticia.

En Nvidia, el interrogante central es la sostenibilidad de márgenes operativos que podrían superar el 60% en el ejercicio fiscal 2026. Microsoft, Alphabet y Amazon desarrollan chips propios para mejorar la eficiencia de sus inversiones, un movimiento que podría aumentar la competencia y erosionar el poder de fijación de precios del fabricante.

ING mantiene una visión constructiva a largo plazo: «un futuro positivo para los grandes proveedores tecnológicos, ya que la adopción de servicios basados en IA continúa aumentando». Pero reconoce que «el crecimiento de las ganancias por acción se ralentizará, lo que influirá en las valoraciones».

Lectura de Ágora Capital

El mercado está haciendo exactamente lo que debe hacer: disciplinar el capital. Años de dinero barato acostumbraron a los inversores a financiar promesas; la normalización de tipos devuelve el protagonismo al flujo de caja real y a los márgenes medibles. Las grandes tecnológicas tienen balances sólidos y demanda genuina, pero el ciclo de depreciación acelerada de hardware de IA introduce una variable que los modelos de valoración tradicionales no habían ponderado con suficiente rigor.

La libre empresa funciona precisamente así: quien asigna capital bien, gana; quien sobredimensiona la infraestructura sin visibilidad de retorno, paga el precio en cotización. La pregunta no es si la IA creará valor —lo hará— sino quién capturará ese valor y en qué plazo. El mercado ya votó: todavía no lo sabe.

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