Vista Energy presentó sus resultados del segundo trimestre de 2026 y los números hablan por sí solos: producción total de 156.000 barriles equivalentes de petróleo por día, un alza interanual del 32%, impulsada por la consolidación de los activos que pertenecían a la noruega Equinor, cuya adquisición se anunció en mayo de este año.
La producción específica de crudo alcanzó 135.000 barriles diarios, con una suba del 33% respecto al año anterior. Esas cifras posicionan a la compañía, fundada y presidida por Miguel Galuccio, como la principal productora independiente y la mayor exportadora de crudo del país.
En el frente exportador, Vista despachó 8,6 millones de barriles al exterior durante el trimestre, un crecimiento del 54% interanual. Las exportaciones representaron el 72% de sus ventas totales, una dinámica que la empresa atribuye también a la adquisición de los activos de Petronas, concretada en abril de 2025.
Los ingresos totales ascendieron a US$1.150 millones, un 89% más que en el mismo período del año anterior, traccionados por mayor volumen y precios internacionales favorables. El Ebitda ajustado trepó un 99% interanual hasta US$805 millones, mientras que la utilidad neta se ubicó en US$322 millones: un 37% más que en el segundo trimestre de 2025 y un 199% más que en el trimestre inmediatamente anterior.
En eficiencia operativa, el lifting cost se redujo un 4% interanual, promediando US$4,5 por barril equivalente. El flujo de caja libre —excluyendo el pago por los activos de Equinor— cerró en US$491 millones. La empresa destinó US$467 millones a inversiones durante el período, con 27 nuevos pozos concretados. El ratio de apalancamiento neto se ubicó en 1,41 veces el Ebitda ajustado, y en 1,25 veces en la medición proforma.
El desempeño de Vista se inscribe en un ciclo de expansión más amplio. Según datos de la Secretaría de Energía, la producción nacional de crudo superó por primera vez el umbral de 900.000 barriles diarios, consolidándose en 903.700 barriles por día en mayo, con un avance interanual del 19,6%. El shale oil de Vaca Muerta representa hoy el 69% de la producción total del país, marcando un quiebre estructural frente a la declinación de las cuencas convencionales.
Lo que estos números confirman es el valor concreto de un entorno regulatorio que permite a la libre empresa desplegar capital con reglas predecibles. Vaca Muerta no es un milagro geológico: es el resultado de inversión privada sostenida, desregulación y señales de precio que el mercado supo leer. Cada barril exportado es divisas genuinas, no transferencia del contribuyente. El contraste con décadas de estatismo energético argentino no necesita adorno: los datos lo resuelven solos.


