Un nuevo reporte del Council of Economic Advisors (CEA) sostiene que la economía estadounidense sumó 72.000 empleos manufactureros en 2026 y que buena parte de ese avance provino de bienes durables como metal y equipo de transporte. El mismo informe dice que eso revierte una tendencia de la era Biden, cuando se perdieron 200.000 empleos manufactureros en los últimos dos años de la administración anterior.
La administración de Donald Trump atribuye el giro a su política de re-shoring y también a sus aranceles. El CEA, una agencia de la Casa Blanca encargada de brindar análisis económico al presidente, vincula además ese empuje con el One Big Beautiful Bill Act (OBBB), que permite a los fabricantes una deducción inmediata del 100% sobre gastos relacionados con la construcción de nuevas fábricas y la compra de maquinaria y equipo.
Entre los casos citados, Jergens, una empresa manufacturera con base en Ohio, expandió su operación a Illinois. Su CEO, Jack Schron, dijo: «Desde la aprobación de la ley [OBBB], nuestros empleados están trabajando voluntariamente horas adicionales». Agregó que retienen más de lo que ganan, ponen más dinero de vuelta en la economía estadounidense y que para la empresa y para la economía del país es un «win-win-win».
Schron también dijo que 83% de sus trabajadores toma horas extra después de la disposición que no aplica impuestos al trabajo suplementario. Ese dato aparece como parte del mismo caso de negocio que el reporte usa para defender que el incentivo fiscal ya está moviendo decisiones de producción y empleo.
La pieza central, sin embargo, no es solo Jergens. Trump prepara además el anuncio de una planta siderúrgica de US$15.000 millones en Iowa, a cargo de Mesabi Metallics, con la promesa de crear más de 1.700 empleos manufactureros. El dato encaja con una señal más amplia: capital que vuelve a buscar reglas claras, costos fiscales menores y retorno dentro de Estados Unidos.
El mercado ya votó por donde encuentra margen y previsibilidad. Si el Estado deja de castigar la inversión con impuestos y burocracia, la producción vuelve a buscar suelo propio. Aquí el beneficiado directo es el trabajador industrial, pero también el contribuyente que depende de una base productiva más amplia y de menor fuga de capital.
La lectura política es igual de clara: la reindustrialización no ocurre por decreto retórico, sino cuando cambian los incentivos. El OBBB, los aranceles y la estrategia de relocalización aparecen como herramientas de un mismo mensaje económico: producir en Estados Unidos debe volver a ser rentable. Cuando eso pasa, el empleo deja de irse afuera y la capitalización vuelve a casa.


