El mercado de vehículos usados en Colombia acumula señales positivas que difícilmente se pueden ignorar. Entre enero y julio de 2026, se superaron los 505.000 traspasos registrados ante las autoridades de tránsito, un alza del 4,2 % frente al mismo período de 2025, según cifras de Andemos (Asociación Nacional de Movilidad Sostenible en Colombia).
Los meses de mayor dinamismo fueron marzo, con un incremento del 12,1 %, y febrero, con un avance del 6,9 %. El segmento comercial, además, registra el mejor desempeño de los últimos cuatro años: cálculos de Sufi con base en datos del Registro Único Nacional de Tránsito (RUNT) muestran un crecimiento del 6,6 % en ventas de vehículos productivos usados respecto a 2025.
Las razones detrás del repunte no son un misterio. Según Andi-Andemos, el mercado se ha beneficiado de cuatro factores concretos: mayor oferta proveniente de la renovación de flotas empresariales, estabilización de precios, mejores condiciones de financiación y el fortalecimiento de plataformas digitales que facilitan la búsqueda y comparación de unidades.
Ese último punto merece atención. La digitalización ha reducido la asimetría de información entre vendedor y comprador, uno de los frenos históricos del mercado de segunda mano. Santiago Vélez, líder de Usados Renting Colombia, lo resume con precisión: el mercado «está evolucionando hacia operaciones más transparentes». Vélez también señala que Bogotá concentra casi un tercio de las operaciones de vehículos usados del país, lo que refleja «un mercado amplio y una demanda creciente por alternativas confiables».
Para el propietario que evalúa vender, el contexto es favorable en términos de liquidez y velocidad de transacción. Para el comerciante, los datos oficiales confirman que 2026 es uno de los mejores años del segmento en el período reciente.
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Desde Ágora Capital, el dato central es que este repunte no llegó por decreto ni por subsidio estatal: llegó por mejores condiciones de financiación privada, competencia entre plataformas digitales y decisiones empresariales de renovación de flota. Cuando el mercado recibe señales claras —precios estables, información accesible, crédito disponible— los agentes responden sin necesidad de intervención.
El riesgo, como siempre en Colombia, es que la presión regulatoria o fiscal sobre el sector automotriz revierta estas condiciones. Por ahora, los números hablan solos: capital busca reglas claras, y cuando las encuentra, el volumen sigue.


