La industria salmonera chilena genera toneladas de residuos óseos que, hasta ahora, terminaban convertidos en harina o aceite de pescado. Salmoss Biotech decidió cambiar ese destino.
La startup, fundada por el ingeniero comercial Gastón Dupré y el cirujano maxilofacial Francisco Muñoz, desarrolló un biomaterial para injertos óseos elaborado a partir de huesos de salmón. El producto ya se comercializa en Chile y Panamá, y la empresa busca posicionarse en mercados internacionales como alternativa a injertos de origen humano, bovino, porcino o sintético.
«La industria del salmón chilena es la segunda más grande del mundo después de la noruega», explicó Dupré en una entrevista con Radio Duna. «Transformar un material que hoy tiene un uso alternativo industrial en un material biotecnológico es un gran avance».
El diferenciador técnico está en la composición del hueso de salmón: contiene magnesio y manganeso de forma natural, elementos que favorecen la formación y regeneración de tejido óseo. A eso se suma la trazabilidad, atributo que la industria salmonera ya maneja con precisión. «Podemos trazar directamente el origen del salmón del cual se extrajo el hueso», señaló Dupré, lo que genera confianza tanto en operadores clínicos como en pacientes.
El proyecto nació de una conversación entre dos amigos de colegio. Muñoz desarrolló el biomaterial durante su doctorado; Dupré aportó su experiencia en la industria salmonera para llevar la investigación al mercado. Hoy la empresa cuenta con seis productos en desarrollo.
En 2023, Salmoss Biotech se adjudicó el programa de aceleración Idea Square, lo que abrió una colaboración con el Massachusetts Institute of Technology (MIT). Ambas instituciones trabajan en un biomaterial apto para impresión 3D, con el objetivo de fabricar estructuras óseas personalizadas.
Para Dupré, el ecosistema chileno de emprendimiento ofrece instrumentos de financiamiento y redes de contacto que permiten escalar este tipo de iniciativas. «Hay muchos emprendedores con ideas muy ingeniosas y grandes oportunidades para desarrollar proyectos de este tipo», afirmó.
El caso Salmoss ilustra un principio que el mercado confirma con frecuencia: el valor no está en el recurso bruto, sino en la capacidad de transformarlo. Un residuo que terminaba en el circuito commodity más básico ahora financia investigación en el MIT y compite en quirófanos. Eso es productividad real, no declaración de intenciones.
La economía circular funciona cuando genera retorno, no cuando se impone por decreto. Salmoss Biotech construyó su propuesta desde la ciencia, la encontró viable en el mercado y la escaló con capital privado y aceleración competitiva. El modelo no necesita subsidio permanente; necesita reglas claras y espacio para innovar. El mercado ya votó: hay clientes en dos países y un socio llamado MIT.



