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Starbucks recorta $400 millones en software y sacude las valuaciones de IBM, Salesforce y ServiceNow

La cadena de café construye sus propias herramientas con IA para reemplazar sistemas de Microsoft e IBM. El mercado ya cobró la factura a los proveedores de capa de aplicación.
Imagen ilustrativa
lunes 13 de julio de 2026

Starbucks gasta aproximadamente $400 millones al año en software, según Yahoo Finance. Esta semana, Bloomberg reportó que la cadena está desarrollando reemplazos propios con asistencia de IA para un sistema de Microsoft que gestiona inventario y una plataforma de IBM que administra mantenimiento. Algunas de estas herramientas podrían desplegarse antes de finales del próximo año, sujeto a pruebas.

La reacción del mercado fue inmediata. IBM cayó cerca de 3% en el premarket. ServiceNow retrocedió 3,5%. Salesforce perdió 4%, según Yahoo Finance. Ninguna de esas compañías perdió un contrato esa mañana. Lo que perdieron fue algo más valioso: la narrativa que sostuvo las valuaciones del software empresarial durante dos décadas —la idea de que las grandes corporaciones siempre comprarán porque construir es demasiado difícil.

Microsoft apenas se movió, y la razón es reveladora. La compañía vende la aplicación de inventario que Starbucks reemplaza, pero también vende la infraestructura de nube e IA —Azure— sobre la que Starbucks construirá el reemplazo. La herramienta Green Dot Assist para baristas ya corre sobre Azure OpenAI. IBM, ServiceNow y Salesforce operan en la capa de aplicación: exactamente la capa que Starbucks acaba de demostrar que una empresa de café puede reconstruir internamente.

El CTO de Starbucks, Anand Varadarajan, comunicó a empleados que existen oportunidades claras para reducir el gasto en software, según MSN. La revisión de cada contrato y servicio forma parte de un plan de reducción de costos de $2.000 millones impulsado por el CEO Brian Niccol.

El argumento es simple: si los ingenieros ya dedican tiempo a personalizar masivamente un producto de terceros para que funcione, y la IA permite construir una herramienta a medida en una fracción del tiempo, la licencia deja de tener sentido económico.

No todo ha sido lineal. A principios de este año, Starbucks desactivó un sistema de conteo de inventario basado en IA tras detectar conteos inexactos, volviendo a procesos manuales. Ese tropiezo, lejos de restar credibilidad al movimiento actual, lo refuerza. La empresa aprendió que superponer IA sobre un proceso defectuoso no corrige el proceso: lo amplifica. El nuevo enfoque apunta primero al flujo de trabajo, luego construye el sistema sobre el proceso corregido y, finalmente, deja que la IA acelere la ejecución.

Mati Greenspan, fundador y CEO de Quantum Economics, resumió la lógica: «Las empresas están comprendiendo que la IA no es solo una función. Se está convirtiendo en el sistema nervioso central de sus operaciones. Este movimiento señala un cambio estratégico donde las empresas exigen propiedad profunda y personalización de su IA, recuperando tecnología crítica de proveedores externos para asegurar una ventaja competitiva única».

Lo que esto significa para el mercado

El episodio de Starbucks es una señal de precios, no un caso aislado. Cuando una empresa con miles de ubicaciones demuestra que puede reemplazar software empresarial con herramientas propias asistidas por IA —y el mercado castiga a los proveedores de aplicación sin que haya un contrato cancelado— el modelo de licencias corporativas enfrenta un riesgo estructural.

Para los defensores del libre mercado, la lectura es positiva: la competencia tecnológica obliga a los grandes vendedores a justificar su precio con valor real, no con costos de cambio artificiales. Capital busca reglas claras, y las empresas que acumularon rentas sobre la fricción del «build vs. buy» tendrán que reinventarse. El contribuyente corporativo —el accionista— está empezando a cobrar esa deuda.

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