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Solo 4 de 60 empresas chilenas integran la naturaleza como activo estratégico real en sus decisiones de inversión

Un reporte de NaturaInvest revela que la mayoría de las compañías etiqueta acciones ambientales sin métricas verificables ni responsable financiero. La brecha entre reputación y gestión de riesgos sigue abierta.
Imagen ilustrativa
lunes 3 de agosto de 2026

El primer reporte de la serie NaturaInvest: Nature Insights Series analizó 60 empresas participantes de Acción Empresas y revisó 156 memorias, reportes de sostenibilidad y sitios web corporativos del período 2022-2024. El hallazgo central es contundente: solo cuatro compañías —Aguas Andinas, Anglo American, CMPC y Colbún— incorporan de manera explícita las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) en sus políticas y estrategias.

Treinta y cuatro empresas cuentan con iniciativas potencialmente alineadas con ese enfoque, pero la mayoría las etiqueta como reforestación, compensación ambiental o relacionamiento comunitario. «Es la misma actividad con otro apellido», señaló Alejandra Stehr, directora alterna de NaturaInvest y académica de la Universidad de Concepción. Detrás de esa diferencia, advirtió, hay una limitación de fondo: la dificultad para distinguir entre acciones con beneficios esperados y proyectos capaces de demostrar resultados verificables y atribuibles.

El estudio detectó brechas en monitoreo, continuidad financiera, gobernanza y medición de impacto. En la mayoría de los casos, las iniciativas permanecen dentro de las áreas de sostenibilidad y no logran incorporarse a las decisiones de inversión ni a la gestión de riesgos. «El cambio de fondo consiste en trasladar la naturaleza desde el capítulo del reporte a la matriz de riesgos y al plan de inversiones», precisó Stehr.

Entre los casos que sí superaron ese umbral, Aguas Andinas desarrolló proyectos de infiltración de aguas y conservación de ecosistemas como respuesta a la prolongada sequía. En 2025 implementó la recarga del acuífero Mapocho, que permitió almacenar un volumen cercano al consumo mensual de una comuna de cerca de 47.000 habitantes. La sanitaria enmarca estas acciones en Biociudad, su estrategia hacia 2035 para fortalecer la seguridad hídrica de Santiago.

Anglo American, por su parte, transita desde la mitigación de impactos hacia una meta de Impacto Neto Positivo a 2030. Entre sus iniciativas figuran la rehabilitación del bosque mediterráneo en Las Tórtolas, la conservación del Santuario de la Naturaleza Los Nogales y un proyecto piloto de carbono azul en Bahía Inglesa. La minera trabaja además con universidades y organizaciones internacionales para desarrollar metodologías de medición de pérdidas y ganancias de biodiversidad.

NaturaInvest recomendó establecer estándares mínimos de reporte, incorporar mecanismos de monitoreo y adicionalidad, fortalecer la gobernanza territorial y diseñar planes de continuidad financiera, con referencia a marcos como TNFD, SBTN e ISSB.

La lectura de Ágora Capital. Los números del reporte revelan algo que el mercado ya conoce bien: lo que no se mide no se gestiona, y lo que no se gestiona no genera retorno. Que solo cuatro de sesenta empresas traten la naturaleza como un activo con línea base, indicadores y responsable financiero no es un problema de voluntad ambiental; es un problema de arquitectura de capital. Cuando el riesgo operacional —sequía, licenciamiento, resiliencia hídrica— se vuelve tangible, las empresas reaccionan con rigor. El resto sigue pagando el costo reputacional mínimo.

La oportunidad real está en convertir ese gasto en inversión con flujo medible. Capital busca reglas claras, y los marcos internacionales que menciona el informe —TNFD, SBTN— apuntan exactamente en esa dirección. Las empresas que lleguen primero con métricas auditables tendrán ventaja en acceso a financiamiento verde y en la negociación de permisos. Las que sigan llamando «compensación ambiental» a lo que en realidad es infraestructura crítica, seguirán dejando valor sobre la mesa.

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