La conferencia SPACE 2026 del IEEE —tercera edición del evento— se celebró en Bangalore, India, con participantes de múltiples países y el respaldo institucional de la IEEE Aerospace and Electronics Systems Society (AESS). Thomas Coughlin, uno de los presidentes del IEEE en 2024 y 2025, asistió en su calidad de co-presidente de la iniciativa IEEE SpaceTech.
Durante los días del congreso, la empresa privada india Skyroot lanzó con éxito su cohete Vikram I y colocó un satélite en órbita baja terrestre. El logro fue citado en varias ponencias y celebrado por la comunidad espacial india presente en el evento.
El dato que mueve los mercados de largo plazo es el de costos. Según Coughlin, el precio de llevar carga a órbita baja ya bajó de forma significativa gracias a servicios regulares como SpaceX. Un vuelo dedicado en un Falcon Heavy cuesta entre $1.400 y $1.500 por kilogramo; con el Starship —vehículo reutilizable de mayor escala— la proyección es llegar a menos de $200/kg. La multiplicación de proveedores privados, como Skyroot, presionará esos precios aún más a la baja.
Menores costos de lanzamiento abren la puerta a actividades que hoy resultan inviables: manufactura en órbita, minería lunar y de asteroides, centros de datos espaciales operados con inteligencia artificial física —robots autónomos y semiautónomos— y proyectos científicos de gran escala, incluidos telescopios de ondas gravitacionales. El vuelo humano también se beneficia, aunque Coughlin sitúa el mayor impacto en la construcción de una industria espacial sostenida.
Para articular ese proceso, el IEEE lanzó este año la iniciativa SpaceTech, orientada a desarrollar estándares internacionales de consenso en comunicaciones espaciales, control de tráfico, gestión de residuos orbitales y uso de inteligencia artificial. El objetivo declarado es crear un mercado activo y competitivo, además de orientar políticas públicas globales. La conferencia SpaceTech del año próximo está prevista en Singapur, con la intención de ampliar la base internacional de participantes desde Asia y otras regiones.
Lectura editorial. Lo que Bangalore ilustra es la lógica de siempre: cuando la competencia privada entra, los precios caen y la innovación acelera. El espacio no es la excepción. Cada nuevo operador —sea SpaceX, sea Skyroot— erosiona el monopolio implícito de los programas estatales y obliga a todos a ser más eficientes. La pregunta relevante para el inversor no es si los costos seguirán bajando —los números ya respondieron— sino qué marcos regulatorios y estándares técnicos determinarán quién captura el valor de esa caída. Ahí es donde iniciativas como IEEE SpaceTech pueden marcar la diferencia: reglas claras, adoptadas por consenso internacional, son el suelo sobre el que se construye capital de largo plazo.



