Ricardo Arraño Toledo asumió el 1 de julio como socio líder de PwC Chile, una de las Big Four de la auditoría presente en el país desde hace más de un siglo. Reemplaza a Renzo Corona, quien ocupó el cargo durante ocho años.
Arraño define el puesto sin rodeos: «Si lo tengo que definir en simple, es el CEO de una compañía». Un mandato acotado, sin embargo: en septiembre cumple 58 años y las normas internas de la firma fijan el retiro a los 62, lo que le deja exactamente cuatro años para ejecutar su agenda.
Un proceso electoral con lógica corporativa
El recambio lo monitoreó Santiago Mignone, líder regional de PwC Latin America Network y argentino de origen, quien dirigió el proceso de sounding entre los 39 socios de la oficina chilena. Arraño compitió con Fernando Orihuela, líder de auditoría, y Federico Morello, líder de consultoría. La elección exigió dos tercios de los 39 votos, un umbral que el propio Arraño compara con la elección papal.
«Varios socios me vinieron a convencer y a proponer que me presentara. Esa semana me tomé veintitantos cafés y vi que había apoyo y decidí presentarme», relata. Su trayectoria en risk management para Chile y la región, y su conectividad con la firma global, fueron los factores que sus colegas valoraron.
Auditoría como motor, consultoría como objetivo
Los principales ingresos de PwC Chile —más de la mitad— provienen de la auditoría. Las otras dos líneas, Tax & Legal Services y consultoría, son el terreno que Arraño quiere equilibrar. La transformación tecnológica, con la inteligencia artificial como pilar, figura en el centro de su plan de trabajo.
Arraño es contador auditor de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Ingresó en 1990 a Langton Clarke, representante en Chile de Coopers & Lybrand, y en 1997 trabajó en la oficina de Nueva York. Tras la fusión global de 1998 que creó PwC, salió brevemente para trabajar con la estadounidense PPL, entonces controladora de la eléctrica Emel, y regresó año y medio después. «Al tiempo me hicieron socio», recuerda.
La sombra de La Polar
Todos los últimos líderes de PwC Chile sitúan el caso La Polar —que estalló en 2011 con irregularidades que la auditora no detectó— como el momento más complejo de la firma. En 2021, la Corte Suprema revirtió fallos anteriores y condenó a PwC a pagos millonarios a las AFP accionistas de la cadena. Arraño dirigió la relación de la oficina local con la marca global durante ese «supremazo», como él mismo lo denomina.
«No fue el quién, sino cómo veníamos haciendo los trabajos», analiza en retrospectiva, asumiendo una autocrítica institucional que, en su momento, fue clave para preservar la reputación de la firma.
Perfil bajo, agenda alta
Arraño admite que debuta en los medios con esta entrevista: «Soy un hombre de bajo perfil, de mucho relacionamiento directo con los clientes». Entre las compañías que ha atendido directamente figuran las del grupo Angelini —AntarChile, Empresas Copec, Arauco—, Telefónica, Enap, Camanchaca y el grupo Carozzi.
En Ágora Capital leemos este relevo como una señal de madurez institucional: una firma de servicios profesionales que rota liderazgo por reglas internas claras, no por crisis ni por presión externa. Cuando las reglas del juego están escritas de antemano —retiro a los 62, mandato de cuatro años, umbral de dos tercios— el capital humano sabe a qué atenerse y la organización gana previsibilidad. Eso es, en el fondo, lo que el mercado siempre premia.


