El reencauche industrial de llantas registra una facturación anual cercana a los $653.000 millones en Colombia y genera alrededor de 5.500 empleos —2.000 directos y 3.500 indirectos—, según cifras de Acoplásticos. Para consolidar ese desempeño, el gremio anunció el lanzamiento de Acoreencauche, una iniciativa sectorial orientada a elevar estándares técnicos, promover la innovación y articular a fabricantes, proveedores y empresas de transporte.
El proceso consiste en reemplazar la banda de rodamiento de neumáticos cuya estructura conserva condiciones óptimas. Es una práctica extendida en flotas de carga, transporte de pasajeros y vehículos de minería, construcción y agricultura.
Los números respaldan la eficiencia del modelo. En los últimos once años se reutilizaron 5.445.000 llantas, lo que evitó el consumo de 81.675.000 galones de petróleo —equivalentes a 1.944.643 barriles— y frenó la emisión de 836.196 toneladas de CO₂, según Acoplásticos. Frente a fabricar una llanta nueva, el reencauche consume un 72 % menos de energía y un 83 % menos de agua.
Sin embargo, la industria enfrenta un obstáculo de fondo: la competencia de llantas importadas desde Asia a precios por debajo de los costos de producción y que frecuentemente incumplen los estándares requeridos para ser reencauchadas en el futuro. Ese flujo de producto subvalorado comprime márgenes y desincentiva la inversión en calidad.
«En Colombia, la tasa de reencauche es muy baja si se compara con países de referencia como Brasil o México. Este es un sector con gran potencial de crecimiento, que ofrece al mercado una solución competitiva, de calidad y que contribuye a la economía circular y a la disminución de desperdicios», afirmó Daniel Mitchell, presidente ejecutivo de Acoplásticos.
A través de Acoreencauche, el gremio impulsará el intercambio de conocimiento, la adopción de estándares técnicos y el trabajo conjunto entre actores públicos y privados.
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La lectura de Ágora Capital es directa: un sector privado que genera empleo, reduce costos operativos para las flotas y extiende la vida útil del capital productivo no necesita subsidios —necesita reglas de juego parejas. El dumping asiático no es un problema ambiental ni laboral en abstracto; es una distorsión de precios que castiga a la empresa formal colombiana y erosiona la base tributaria local. Capital busca reglas claras, y en este caso la demanda es concreta: controles antidumping efectivos y certificación obligatoria de importaciones. Sin ese piso, el potencial que describe Mitchell seguirá siendo potencial.


