El mercado ya votó con el techo. Según datos de XM citados por El Colombiano, el precio máximo de la energía en bolsa acumula un alza de 285% en lo corrido de 2026, al pasar de $285,30 a $900,82 por kilovatio-hora. La amenaza de un nuevo fenómeno de El Niño —que reduce lluvias y presiona los embalses, principal fuente de generación eléctrica del país— agudiza la tendencia.
Ese contexto explica por qué los hogares colombianos están instalando paneles solares a un ritmo sin precedentes. De acuerdo con el Ministerio de Minas y Energía, Colombia registra 24.447 techos solares en sistemas de autogeneración y generación distribuida. Solo entre 2024 y 2025 se sumaron más de 15.000 nuevos sistemas, el mayor crecimiento histórico del país.
Los números de la inversión
Una vivienda con consumo mensual de entre 400 y 600 kWh —nevera, lavadora, televisores y aire acondicionado— requiere una inversión cercana a $25 o $30 millones, según Erco Energy. Ese valor cubre paneles, inversor, estructura de montaje, instalación y los trámites de legalización y certificación RETIE ante el operador de red.
El periodo de recuperación ronda entre cinco y siete años, según Santiago Ortega, docente de la Universidad EIA y director de Innovación de Emergente Energía Sostenible. «Los sistemas duran entre 25 y 30 años, así que terminan siendo un muy buen negocio», señaló.
Retorno que supera al CDT
Un estudio de Emergente Energía Sostenible y la Universidad Nacional concluye que los proyectos solares son especialmente rentables en zonas costeras con alta radiación y tarifas elevadas —Santa Marta, Barranquilla y Riohacha—, donde la tasa interna de retorno (TIR) puede alcanzar hasta 59% y el periodo de recuperación baja a aproximadamente tres años. Incluso en ciudades altoandinas con menor radiación, como Bogotá, Manizales y Popayán, la TIR supera el 20%.
Ortega ilustró el caso de Medellín: «Un proyecto de entre $20 y $30 millones puede tener una rentabilidad que es el doble o casi el triple de un CDT».
Para una familia de cuatro personas con consumo cercano a 250 kWh al mes —factura de alrededor de $250.000 mensuales—, el sistema requeriría aproximadamente cuatro paneles con capacidad instalada de 2,5 kWh y una inversión total próxima a los $25 millones.
En cuanto a viabilidad técnica, Ortega precisó que prácticamente cualquier vivienda conectada al sistema eléctrico puede instalar paneles, siempre que el techo soporte el peso y la red del sector tenga capacidad para recibir la energía generada, análisis que realiza la empresa al diseñar el proyecto.
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La lectura de Ágora Capital es directa: cuando el Estado no garantiza precios estables en un mercado energético dependiente del clima, la libre empresa y la iniciativa privada llenan el vacío. El panel solar residencial no es una moda verde; es una decisión de gestión de riesgo y retorno que compite con instrumentos financieros tradicionales. Capital busca reglas claras, pero también encuentra salidas cuando las tarifas reguladas fallan. El contribuyente que actúa como su propio generador reduce su exposición al aparato tarifario y, de paso, valoriza su patrimonio.


