Petróleos Mexicanos anunció una cartera de proyectos que va del litio a los cargadores eléctricos, pero con horizontes de operación que en varios casos llegan hasta 2030 y 2031.
Los números primero. El Plan de Desarrollo del Sector Hidrocarburos, publicado este lunes en el Diario Oficial de la Federación por la Secretaría de Energía, detalla el calendario proyecto por proyecto.
La extracción comercial de litio de salmueras petroleras arrancaría inversión en 2028 y operación en 2030. La electromovilidad —cargadores para vehículos eléctricos en instalaciones de Pemex y, después, en su red nacional de estaciones— es la más inmediata: inversión y operación desde 2026, mediante esquemas de colaboración con terceros.
Las granjas solares en terrenos propios de la petrolera seguirían un calendario similar: inversión en 2026, operación en 2027, con energía destinada a autoconsumo o, según el esquema, a venta en el Mercado Eléctrico Mayorista.
El combustible sostenible de aviación (SAF) tiene una meta concreta: que Pemex cubra 5% del consumo nacional de combustibles de aviación hacia 2030. El hidrógeno verde, producido por electrólisis con energía renovable, abastecería primero esa cadena de SAF y después se evaluaría su entrada al Sistema Nacional de Refinación; inversión desde 2027, operación en 2030.
La energía eólica en plataformas petroleras en desuso es el proyecto más lejano: inversión en 2027, operación hasta 2031. Se suman el diésel ecológico de bajo azufre y la recuperación de gas que hoy se quema o ventea, para reutilizarlo en generación eléctrica.
El propio documento oficial pone el marco de realismo: reconoce que, hasta ahora, estas oportunidades «aún no se han materializado» y que se trata de una hoja de ruta, no de proyectos en marcha.
El mercado ya votó sobre lo que significa una promesa a cinco años en una empresa que el propio reporte original describe, sin rodeos, como «barril sin fondo». Litio, hidrógeno e hidrocarburos verdes suenan bien en un plan sexenal; lo que el capital privado exige es flujo de caja hoy, no un cronograma que empieza a rendir cuentas en 2030.
El dato más relevante para el contribuyente mexicano no es la lista de tecnologías, sino el verbo que las acompaña: «evaluar», «prever», «proyectar». Nada de esto es inversión comprometida; es intención. Y cada año que Pemex posterga resultados es un año más en que el Estado, no el mercado, decide dónde va el capital de una empresa que ya arrastra pasivos conocidos. Si la fórmula que sí arranca antes —electromovilidad y solar, ambas con «esquemas de colaboración con terceros»— es la que involucra capital privado desde el primer día, la lección no requiere esperar hasta 2030: donde entra el mercado, la ejecución se adelanta.


