El representante de Venezuela ante el Fondo Monetario Internacional, Calixto Ortega, rechazó la dolarización como salida para la economía venezolana y defendió el fortalecimiento del bolívar como eje de la estrategia oficial.
Ortega sostuvo que «la dolarización no es la respuesta adecuada para el país, sino fortalecer nuestra moneda nacional». Añadió que «el crecimiento y la estabilidad se verán reflejados en el fortalecimiento del bolívar» y que, a medio plazo, la moneda local cubrirá el 100% de la economía local.
La exposición tuvo lugar durante las Reuniones Anuales de 2026 del FMI y el Grupo del Banco Mundial en Bangkok, Tailandia. Allí, el exvicepresidente del Banco Central de Venezuela presentó una hoja de ruta de cuatro pilares, con énfasis en el aumento de la producción del sector extractivo, sobre todo petróleo y minerales.
Según su planteamiento, la actividad minera y la industria de los hidrocarburos «son los principales motores para generar ingresos externos y nos permiten financiar el resto de la economía». Esos recursos, dijo, se orientarían a cubrir carencias en energía eléctrica y agua potable, además de impulsar la diversificación industrial.
Ortega también afirmó que desde comienzos de este año se gestionan acciones para reinsertar al país en los circuitos bancarios globales y atender el pasivo de la deuda pública. En esa misma línea, reconoció que Venezuela «ha aprendido de sus errores», aludiendo a etapas previas de altos ingresos petroleros en las que se priorizó la importación de bienes esenciales.
Las declaraciones coincidieron con la actualización de perspectivas del FMI, que estima una expansión del PIB venezolano de 5% para este año y de 7% para 2027. Las autoridades nacionales reportan 22 trimestres seguidos de avance productivo.
Pero el dato que domina el cuadro es otro. El informe del FMI calculó una inflación de 467,9% al cierre de este período. Analistas económicos atribuyen la variación de los costos al alza en la cotización de la divisa estadounidense, usada como referencia tras el proceso hiperinflacionario de 2017 a 2021.
En el cierre, la lectura es simple. Sin confianza monetaria, sin financiamiento estable y sin un marco que premie la inversión, el bolívar seguirá bajo presión. La promesa de recuperación existe, pero el costo lo siguen pagando empresas, familias y contribuyentes.
El mercado ya votó. La recuperación productiva puede ayudar. Pero mientras el Estado dependa de los ingresos extractivos para sostener infraestructura, deuda y gasto básico, la economía seguirá expuesta al ciclo del petróleo y a la fragilidad de la moneda.


