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Milei suma a Ades y refuerza el ajuste: «era indispensable», dijo el economista

Alberto Ades negó que haya presentado un plan económico alternativo y ratificó su apoyo a la orientación general del gobierno. También pidió un tipo de cambio más alto para dar colchón a sectores que compiten con la importación.
sábado 10 de octubre de 2026

Alberto Ades descartó de manera tajante que haya ido a la reunión de Gabinete convocada por Javier Milei para presentar un plan económico alternativo o para posicionarse como eventual reemplazo de Luis Caputo. «No fui a presentar un plan económico alternativo. Nada que ver. Caputo no pudo ir y se tejieron todo tipo de especulaciones», dijo en una entrevista radial.

Ades, graduado de Harvard, ex analista de Goldman Sachs y actual socio de Vector Alpha, un fondo de inversión de Nueva York, explicó que vive en Estados Unidos desde hace 35 años y que solo vino dos semanas a la Argentina para presentar su libro «Lo que se desvanece». También contó que conoció a Milei en 2023, durante la campaña presidencial, y que luego mantuvo una relación con el hoy presidente pese a disentir respetuosamente con la dolarización que entonces proponía.

El economista detalló que Milei lo llamó tras su viaje a Francia y lo invitó a desayunar a Olivos. Allí expuso su visión sobre las tendencias globales de la economía y la política mundiales, y cómo encaja la Argentina en un mundo de tasas más altas, petróleo caro, aumento de los gastos de defensa, gobiernos proactivos e inteligencia artificial. Después, contó, el presidente le pidió repetir esa exposición ante el gabinete nacional, reunión en la que Caputo estuvo ausente porque no se sentía muy bien.

La aparición de Ades en ese contexto alimentó especulaciones sobre un recambio en la conducción económica. Él las descartó por completo. «No me estoy posicionando para nada», remarcó. También reafirmó su apoyo a la orientación general del gobierno de Milei y defendió el giro iniciado en diciembre de 2023.

«Era indispensable», dijo sobre el ajuste. Y fue más lejos: «Si no se hacía el ajuste que se hizo esto terminaba muy mal. Era un tren que venía a 180 kilómetros por hora contra la pared, sin frenos o correcciones nos pegábamos una piña».

En su diagnóstico, el programa actual dejó «un tipo de cambio bastante apreciado» y, en el largo plazo, ese nivel solo sería razonable si la Argentina logra equilibrio fiscal de largo plazo, baja la inflación a un dígito, abre la economía, desarrolla sectores atractivos para el resto del mundo y alcanza grado de inversión. También planteó que, si eso ocurre, el país será «caro en dólares».

Pero Ades introdujo una crítica puntual al esquema cambiario. Dijo que le gustaría «un tipo de cambio más alto» para dar «colchón» a varios sectores que compiten contra la importación. Al mismo tiempo, admitió que no es fácil lograrlo porque una compra de dólares del Banco Central a $2.000 se traduciría en más inflación y la ganancia cambiaria se perdería en «dos o tres meses».

El mercado ya votó. La discusión de fondo no es si el ajuste era inevitable, porque Ades lo dio por sentado, sino cuánto margen tiene el aparato productivo para convivir con un dólar barato y un boom exportador. Capital busca reglas claras.

Para el oficialismo, el respaldo de una voz como la de Ades ayuda a sostener la narrativa de que el orden fiscal era una condición previa. Pero también deja expuesto el dilema que siempre aparece cuando el Estado corrige tarde: sin un esquema cambiario consistente y sin alivio para los sectores que compiten con importaciones, la productividad paga el costo de la transición. El desafío no es solo corregir el déficit; es evitar que la burocracia monetaria y el atraso relativo terminen castigando inversión, empleo y margen privado.

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