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Milei pierde terreno con morosos y disidentes mientras el kirchnerismo toma posiciones para 2027

El Gobierno apuesta a la responsabilidad individual frente al endeudamiento, pero una encuesta del Banco Central revela que dos de cada tres nuevos morosos cayeron en atrasos por pérdida de capacidad de pago. El cálculo electoral se complica.
Imagen ilustrativa
martes 4 de agosto de 2026

Los números primero. El Banco Central publicó en su última «Encuesta de condiciones crediticias» un dato que el oficialismo preferiría no discutir: de cada tres personas que se volvieron morosas en los últimos dos años, dos cayeron en atrasos por una pérdida en su capacidad de pago, no por haberse endeudado en exceso. Ese dato convierte el debate sobre morosidad en un asunto macroeconómico, no solo en una cuestión de virtud personal.

La respuesta del Gobierno fue otra. Javier Milei y el ministro Luis Caputo optaron por la pedagogía de la responsabilidad individual. «¿Le pusieron una pistola en la cabeza para endeudarse? No», planteó Milei. «Cada uno nos tenemos que hacer cargo de nuestras decisiones», afirmó Caputo. El mensaje es coherente con la filosofía del libre mercado: el ciudadano es un agente libre que responde por sus actos. El problema es que la evidencia del Banco Central matiza esa lectura.

El kirchnerismo tomó nota. El gobernador Axel Kicillof habló el 9 de julio con precisión quirúrgica hacia ese electorado: «En todo el país tenemos récord absoluto no sólo de la deuda de la familia sino de gente que no puede pagar la cuota de la deuda. Tocando un botón queda endeudado y después no lo puede pagar. Pero en realidad esto es un síntoma: el endeudamiento es para vivir». La oposición kirchnerista cifra en el votante moroso sus esperanzas de recuperar centralidad política en 2027.

A ese frente se sumó otro. Milei calificó el domingo, en una entrevista con Luis Majul, a periodistas, estudiantes, profesores e investigadores que piensan distinto como «terroristas», enmarcándolos en lo que describió como un kirchnerismo gramsciano que habría ganado la batalla cultural. El señalamiento agrava el distanciamiento de una centroderecha que lo votó en 2023 y no tiene certeza de repetir en 2027.

Las encuestas reflejan una imagen de Milei que no llega a los 40 puntos, aunque algunos analistas de trayectoria no lo ven como candidato perdedor. Sin una alternativa electoral consolidada en el cuadrante de centroderecha, el oficialismo mantiene margen. Pero ese margen se estrecha si el voto insatisfecho migra hacia espacios como PRO o Victoria Villarruel. En una primera vuelta fragmentada, cada punto porcentual vale oro.

El activo central del Gobierno sigue siendo la inflación a la baja y una recuperación del PBI que aún no generaliza sus efectos. El pasivo es el cambio de percepción ciudadana: la inflación dejó de ser el problema más urgente. La morosidad ocupó ese lugar.

La lectura de Ágora Capital. La apuesta de Milei a la responsabilidad individual es filosóficamente correcta y electoralmente arriesgada cuando el dato duro del propio Banco Central indica que la mayoría de los morosos perdieron capacidad de pago, no disciplina financiera. Capital busca reglas claras, y la consistencia entre el discurso y la evidencia es parte de esas reglas. El sobregiro tribal puede consolidar al votante leal, pero aleja al votante republicano que completó el balotaje de 2023. El proyecto de reelección necesita ambos.

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