Javier Milei habló ante empresarios en la Cámara de Comercio de Estados Unidos y volvió a defender su programa de ajuste como la base de la mejora económica. Según su exposición, el déficit cero hizo caer el riesgo país y la Argentina estaría honrando sus deudas «a todo momento».
«El riesgo país cuando nosotros asumimos estaba en torno a los tres mil puntos básicos. Hoy está en torno a los seiscientos», dijo Milei. También afirmó que «por eso sigue cayendo día a día el riesgo país».
El problema es que, mientras el presidente hablaba, los bonos soberanos en dólares de la Argentina —Bonares y Globales— caían un 0,7% en promedio y el riesgo país del JP Morgan trepaba a 640 puntos básicos, el nivel más alto desde el 2 de octubre. El dato dejó a la vista una brecha entre el relato oficial y la señal que mandó el mercado.
Milei también sostuvo que la Argentina no tiene un problema con el desempleo. Dijo que la tasa natural histórica está «en torno al 10 %» y que hoy se ubica «debajo del ocho».
Sobre la inversión, el presidente argumentó que la ausencia de un mercado de capitales más desarrollado y la falta de colateral explican por qué la inversión va más lenta. En su visión, la transición desde un modelo con influencia estatal hacia un esquema desregulado todavía no termina de liberar por completo el flujo de capital.
El dato duro, sin embargo, es que la propia rueda financiera respondió con más riesgo, no con menos. Los números primero. Y cuando los bonos caen y el riesgo país sube al mismo tiempo que el Gobierno proclama solidez, el mercado ya votó con cautela.
La lectura política y económica es clara: el ajuste puede haber ordenado algunas cuentas, pero todavía no alcanza para disipar la desconfianza de los inversores. Capital busca reglas claras, previsibilidad y señales consistentes; sin eso, el retorno esperado sigue condicionando la capitalización y frenando el flujo de inversión.
Para el Gobierno, el desafío no es repetir que el riesgo país cae, sino demostrarlo en la pantalla financiera. Para el sector privado, la señal relevante sigue siendo la misma: menos intervención, más estabilidad y un marco que premie la productividad en lugar de castigarla.



