La primera revisión conjunta del T-MEC redujo momentáneamente la incertidumbre, pero no resolvió el problema de fondo: México ya está viviendo su propia versión del Rust Belt, ese fenómeno que dejó cubiertas de óxido a las ciudades industriales del noreste y medio oeste de Estados Unidos tras décadas de cierres y desplazamiento de manufactura hacia el extranjero.
Así lo plantea un consultor especialista en excelencia operativa en una columna publicada en El Financiero. El argumento no es político: es de reglas del juego.
El caso del minoxidil falsificado
El autor colabora con un laboratorio mexicano especializado en fórmulas magistrales —medicamentos que no se consiguen en farmacias— que opera bajo estrictos estándares de calidad y cumple normativas de la Cofepris. Hace varias semanas, un empleado de esa empresa encontró en Mercado Libre un producto que utilizaba la imagen, el logotipo y un empaque prácticamente idéntico al de la compañía. La plataforma lo identificaba como artículo importado de China. El empaque no incluía los datos del responsable sanitario.
La empresa adquirió el producto y realizó pruebas internas. El resultado: no contenía los ingredientes declarados en la etiqueta, mucho menos el minoxidil, la sustancia activa para tratamientos contra la pérdida de cabello. Cuando intentaron emprender acciones legales, el distribuidor ya había desaparecido de la plataforma.
El patrón que se repite
Según el columnista, el problema no se limita a un producto dermatológico. «Mañana puede ser una refacción automotriz, un componente eléctrico, un juguete para niños o un alimento», escribe. El denominador común es siempre el mismo: empresas que invierten en investigación, pagan impuestos y cumplen normas sanitarias, laborales y fiscales compiten contra productos que, según el autor, «simplemente no juegan bajo esas reglas».
La tesis central es que las empresas chinas operan con la consigna de posicionarse en más mercados, incluso vendiendo a pérdida, sin importar las regulaciones locales. Esa asimetría, argumenta el columnista, no es xenofobia sino un riesgo estructural para la economía y para los consumidores.
El Rust Belt como espejo
El texto recuerda que el Rust Belt no fue solo un fenómeno económico, sino también industrial, político, cultural y psicológico. Durante el siglo XX, esa región concentró las grandes fábricas de acero, automóviles y manufactura pesada de Estados Unidos. Era, escribe el autor, «la cuna del sueño americano». Hoy está oxidada. Esa historia explica, en su lectura, por qué el «Make America Great Again» mantiene respaldo entre amplios sectores de la población estadounidense.
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Desde Ágora Capital, el caso ilustra una verdad que los mercados ya conocen bien: cuando el árbitro no exige las mismas reglas para todos los jugadores, el capital y el talento migran o desaparecen. No es un problema de precio; es un problema de instituciones. Una empresa que paga al fisco, cumple la Cofepris y registra a sus trabajadores no puede competir en condiciones justas contra quien no hace ninguna de las tres cosas. El costo lo absorben los contribuyentes que financian esas regulaciones y los consumidores que terminan con productos sin los ingredientes declarados.
La pregunta relevante para México no es si proteger o abrir, sino si el Estado tiene la capacidad —y la voluntad— de hacer cumplir las reglas que ya existen. Sin eso, el libre mercado no es libre: es un campo inclinado donde gana quien menos obligaciones acepta.
