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Meta abandona el pacto RE100 y apuesta por gas natural para alimentar sus centros de datos de IA

El gigante de las redes sociales dejó la iniciativa climática corporativa tras cerrar contratos con plantas de energía a gas. La demanda energética de la inteligencia artificial reescribe las prioridades del sector tecnológico.
Imagen ilustrativa
sábado 25 de julio de 2026

Meta se retiró formalmente de RE100, la iniciativa impulsada por la organización británica Climate Group que agrupa a 444 empresas comprometidas a abastecerse exclusivamente de electricidad renovable. La página web de Climate Group ya no incluye a Meta —matriz de Facebook e Instagram— entre sus miembros.

La compañía se había sumado al pacto en 2016, según el archivo de Wayback Machine de la página de RE100. Su salida se produce en medio de la carrera de las grandes tecnológicas por construir centros de datos capaces de sostener el desarrollo de modelos de inteligencia artificial, una infraestructura con apetito energético sin precedentes.

Meta ha cerrado acuerdos para que empresas de servicios públicos pongan en marcha nuevas plantas de energía a gas natural. Climate Group explicó la expulsión sin ambigüedades: «Meta se ha retirado de la iniciativa RE100, ya que no cumple con los criterios técnicos debido a las inversiones realizadas en nueva energía de gas», señaló un portavoz de la organización a Recharge News.

Un portavoz de Meta respondió a la AFP que la compañía continuará escalando sus inversiones en energías renovables y que abandonar RE100 «no cambia su meta de compensar su consumo de electricidad con un 100% de energía limpia». Climate Group, sin embargo, indicó que esa postura ya no satisface los criterios de la iniciativa.

Meta no es un caso aislado. Microsoft firmó el mes pasado un acuerdo con Chevron para el suministro de electricidad con gas natural destinado a un centro de datos en Texas. Google también ha suscrito acuerdos similares, según medios especializados. El patrón es claro: las tres mayores plataformas digitales del mundo priorizan la disponibilidad y la escala energética sobre los compromisos climáticos corporativos.

El gas natural es clasificado habitualmente como «combustible puente» entre los fósiles más contaminantes y las renovables. Sus emisiones directas son inferiores a las del carbón, aunque su extracción genera fugas de metano, componente principal del gas y potente gas de efecto invernadero.

Lectura editorial. El mercado ya votó: cuando la demanda energética de la IA choca contra los calendarios verdes de las organizaciones climáticas, la ingeniería y los costos ganan. Que Meta, Microsoft y Google —tres íconos del capitalismo de plataformas— elijan el gas sobre el dogma renovable es una señal de que los compromisos ESG tienen un límite práctico que la realidad tecnológica impone. El principio en juego es simple: ninguna empresa puede sostener una promesa climática que destruya su competitividad o frene su capacidad productiva. La transición energética real la dictan los precios, la escala y la confiabilidad del suministro; no los pactos de imagen corporativa.

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