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Los edificios «inteligentes» reducen el consumo de calefacción un 24% pero apenas el 9% en refrigeración, según revisión de IEEE

Las promesas del sector chocan con la física: en olas de calor extremo, ningún software compensa un diseño constructivo deficiente. Los inversores ya notan la brecha entre expectativas y resultados verificados.
Imagen ilustrativa
martes 4 de agosto de 2026

El mercado global de edificios inteligentes oscila, según qué firma consultora se consulte, entre 103.000 y 142.000 millones de dólares en la actualidad. Las proyecciones para principios de la década de 2030 divergen aún más: Mordor Intelligence sitúa el techo en unos 310.000 millones para 2030; Grand View Research supera los 550.000 millones para 2033; Global Market Insights llega a más de 825.000 millones para 2034; MarketsandMarkets apenas alcanza los 200.000 millones para 2032. Una dispersión de cuatro veces entre pronósticos no describe una categoría madura. Describe una categoría cuyas fronteras aún no están claras, que va desde un termostato conectado hasta un campus corporativo gestionado por inteligencia artificial.

Los números del rendimiento real son igualmente reveladores. Una revisión publicada en 2026 en IEEE Access sobre control inteligente de climatización encontró que los sistemas de aprendizaje automático redujeron el consumo energético de calefacción en torno al 24% frente a los controles convencionales, pero recortaron el consumo de refrigeración en menos del 9%. La asimetría tiene una causa física, no técnica: en calor extremo, el factor limitante es el diseño del edificio y la temperatura del aire exterior, no la sofisticación del software.

El episodio de julio de 2022 en Inglaterra lo ilustra con precisión. Cuando el país superó por primera vez los 40°C, las temperaturas nocturnas no bajaron de 25,8°C en ningún punto del territorio. La ventilación nocturna automatizada —una de las estrategias centrales del marketing del sector— depende de aire fresco que no existía. Sin ese recurso físico, el sistema no tiene nada con qué trabajar.

El profesor Mat Santamouris, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, estima que el diseño pasivo podría reducir la demanda de refrigeración hasta un 80% en climas cálidos, y sostiene que no es posible «air-acondicionarse» para salir del calentamiento climático. Un sistema de control puede hacer que una gran carga de refrigeración funcione con mayor eficiencia. No puede eliminar la necesidad de esa carga.

El lado de la oferta también muestra señales de concentración. Honeywell, Siemens, Johnson Controls y Schneider Electric acumularon más del 40% de los despliegues multi-sede completados en 2024. La financiación de venture capital en proptech alcanzó su pico en 2021, cayó con fuerza en 2022 y 2023, y solo se ha recuperado parcialmente, con rondas más grandes destinadas a empresas consolidadas en lugar de distribuirse entre nuevos entrantes. Los proyectos de reforma siguen representando alrededor del 62% del trabajo en edificios inteligentes, según Mordor Intelligence.

A esto se suma un riesgo que el sector rara vez pondera en sus proyecciones: la ciberseguridad. La mayor conectividad de estos edificios amplía la superficie de ataque, y la responsabilidad recae sobre los propietarios, con coberturas de seguro frecuentemente insuficientes.

La lectura de Ágora Capital es directa. Un mercado con cuatro veces de dispersión en sus propias estimaciones y con brechas documentadas entre ahorro prometido y ahorro verificado no está en crisis, pero sí en deuda con la realidad. El capital que busca retorno en este sector debe exigir métricas de desempeño verificado post-ocupación, no proyecciones de consultoras con metodologías incompatibles. La libre empresa funciona cuando el precio refleja el valor real: aquí, la madurez del sector depende de que los compradores dejen de pagar por inteligencia que la física no puede ejecutar.

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