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Hochul declara guerra a los impuestos al capital mientras firma alzas cada año de su mandato

La gobernadora de Nueva York afirma que subir impuestos a los ricos daña al estado, pero su historial presupuestario cuenta otra historia.
Imagen generada con IA
lunes 20 de julio de 2026

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, declaró en el programa Good Day New York que el estado «no debería subir impuestos a individuos de alto patrimonio neto» ni a «las empresas que crean empleos y generan los ingresos que nos permiten pagar los servicios» que los residentes necesitan. El blanco de sus críticas fue el alcalde Zohran Mamdani y su campaña «gravar a los ricos».

El problema es el historial. Según el New York Post, Hochul ha impulsado algún tipo de alza impositiva cada año desde que ocupa la mansión del gobernador. Entre esas medidas figura un nuevo impuesto sobre segundas residencias de lujo en la ciudad, firmado por la propia Hochul.

El antecedente no es menor: el exgobernador Andrew Cuomo también sostuvo que Nueva York ya estaba sobregravada antes de aprobar cargas adicionales. El patrón se repite.

El gasto estatal ha escalado durante la administración Hochul, lo que, según el Post, dejará brechas presupuestarias de magnitud a partir del próximo año. La Legislatura estatal, históricamente inclinada a cerrar esos huecos con nuevos impuestos, tendrá ese instrumento sobre la mesa. Y Hochul, que no necesitará recaudar fondos de campaña tras las elecciones de noviembre, tendría menos incentivo político para resistir esa presión.

El timing del giro discursivo es llamativo: la gobernadora se distancia verbalmente del populismo fiscal de Mamdani justo cuando enfrenta una contienda electoral, para luego —según el análisis del Post— retomar la senda de las alzas una vez asegurada la reelección.

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Desde la perspectiva de Ágora Capital, el episodio ilustra una dinámica clásica: los gobiernos que expanden el gasto sin límite terminan necesitando más ingresos, y los contribuyentes de alto valor son siempre el objetivo más conveniente políticamente. Nueva York ya figura entre los estados con mayor presión fiscal sobre empresas y personas físicas de ingresos elevados, lo que alimenta la salida de capital y talento hacia estados con cargas menores.

La retórica anti-impuestos de Hochul puede ser genuina en sus convicciones, pero el aparato estatal que ella misma ha engordado la obligará a actuar en sentido contrario. El mercado ya votó: empresas y residentes de alto patrimonio siguen abandonando el estado. Cuando el Estado gasta más de lo que produce, la factura siempre llega, y la paga la libre empresa.

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