Robert Covington, tecnólogo, educador y experto en ciberseguridad, sostuvo que los Gobiernos y las empresas «no están demasiado bien preparados» para la era poscuántica. El fundador de Quantum Village de DEF CON habló en Buenos Aires, durante la Quantum Village Argentina de Ekoparty, donde presentó una competencia Capture The Flag para acercar la programación cuántica a estudiantes, profesionales y entusiastas.
Covington explicó que, por ahora, las computadoras cuánticas sirven principalmente para resolver problemas pequeños y experimentales. Dijo que, en el futuro, podrían complementar a las máquinas tradicionales en cálculos muy específicos, sobre todo en problemas de optimización con explosión combinatoria. Pero aclaró que no reemplazarán necesariamente a las computadoras convencionales.
También señaló que la computación cuántica va mucho más allá de las computadoras. Mencionó la generación cuántica de números aleatorios, la detección y las comunicaciones cuánticas. En Quantum Village, agregó, tienen un diseño de código abierto de uno de esos generadores.
Sobre el posible cambio de la criptografía, Covington afirmó que los usuarios comunes probablemente no notarán el impacto de manera directa, porque las empresas ya se habrán ocupado del problema. «Dentro de las compañías, en cambio, el impacto será mucho más evidente», dijo, al advertir que habrá una gran cantidad de trabajo por hacer.
Consultado por una crisis comparable con el año 2000, dijo que es posible. En inglés, explicó, se usa el término «Q-Day» para referirse al día en el que una computadora cuántica pueda quebrar los sistemas criptográficos actuales. «Mi impresión es que ese momento siempre parece estar a cinco años de distancia», sostuvo, y mencionó estimaciones que hablan de 2029 o 2030.
El punto crítico, según su diagnóstico, es el inventario criptográfico o cryptographic bill of materials. Ese registro permite identificar los activos digitales de una compañía y determinar qué tipo de criptografía utiliza cada uno. Covington afirmó que esa tarea ya representa un desafío enorme para muchas empresas, gobiernos e incluso organizaciones pequeñas, y que puede llevar mucho tiempo.
A su juicio, ese inventario es necesario para controlar qué sistemas ya fueron migrados hacia la criptografía poscuántica y cuáles siguen pendientes. «De todos modos, las organizaciones deberían comenzar ahora mismo a elaborar ese inventario», remarcó.
La advertencia importa más allá del lenguaje técnico. Cuando la infraestructura digital depende de decisiones que gobiernos y empresas no tomaron a tiempo, el costo termina cayendo sobre usuarios, negocios y contribuyentes. Capital busca reglas claras, pero la carrera hacia la criptografía poscuántica muestra lo contrario: demasiada improvisación y poco orden en una de las capas más sensibles de la economía digital.
El mercado ya votó. La seguridad dejó de ser un asunto accesorio y pasó a ser una condición de productividad, inversión y confianza. Quien no ordene su arquitectura criptográfica antes del salto tecnológico no solo asume riesgo país digital: también traslada ese riesgo a clientes y ciudadanos.


