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FBI ofrece 150,000 dólares por el fundador de StarSite que estafó 26 millones y usó México como refugio

Bernhard Eugen Fritsch prometió una app para monetizar a celebridades. En realidad financió un yate, un McLaren y una mansión en Malibú con dinero de sus inversionistas.
Imagen ilustrativa
viernes 4 de septiembre de 2026

Los números primero. Bernhard Eugen Fritsch, de 65 años, defraudó a inversionistas por más de 26 millones de dólares. El esquema operó entre 2014 y 2017. El FBI lo incluyó en su lista de estafadores más buscados y ofrece 150 mil dólares por información que lleve a su captura.

Fritsch fundó StarSite. Vendió la idea de una aplicación que ayudaría a celebridades e influencers a monetizar patrocinios. Prometió que la app distribuiría contenido publicitario y compartiría ingresos con quien lo publicara. Para cerrar el capital, aseguró que Disney estaba cerca de comprar la tecnología.

Nada de eso llegó a construirse con seriedad. Según el FBI, Fritsch usó el dinero de los inversionistas para su estilo de vida. Compró un McLaren y un Rolls-Royce. Mejoró su yate. Renovó su mansión en Malibú. El capital que debía ir a producto terminó en consumo personal.

Un jurado de Los Ángeles lo declaró culpable en abril de 2025. Quedó libre bajo fianza mientras esperaba sentencia. En junio de 2025 huyó a Los Mochis, Sinaloa. Las autoridades mexicanas lo detuvieron en septiembre de ese año, pero no por fraude: fue por posesión de documentación de identidad falsa.

Ahí está el punto ciego. México lo liberó bajo supervisión migratoria. Le ordenó presentarse ante un tribunal de inmigración. Fritsch no se presentó. El 6 de octubre de 2025 huyó a Múnich, Alemania, donde fue visto por última vez.

Su novia, Lucinda Jane Weist Manera, de 63 años y residente en Malibú, se declaró culpable en junio de 2026. Admitió haberlo ayudado a esconderse del FBI, a ocultarse en México y a huir finalmente a su Alemania natal.

Patrick Grandy, subdirector de la oficina del FBI en Los Ángeles, advirtió que el sur de California «es un entorno propicio» para los estafadores. Dijo que la agencia lo buscará «incansablemente».

El mercado ya votó, aunque tarde: un jurado condenó a Fritsch por mentir sobre el desempeño de su empresa. Pero la condena no bastó para contenerlo. El expediente muestra un patrón conocido: promesas de asociaciones con marcas grandes, cifras de crecimiento sin sustento y un tren de vida financiado con capital ajeno.

El caso también expone una brecha institucional. Un fugitivo condenado por fraude bursátil pudo transitar por territorio mexicano usando una falla migratoria, no un vacío en la persecución del delito financiero. La protección al inversionista depende de que las fronteras y los tribunales cierren esos huecos, no solo de que Wall Street o Los Ángeles hagan bien su trabajo. Mientras la recompensa de 150 mil dólares siga sin cobrarse, el mensaje para cualquier inversionista es el mismo: la diligencia debida empieza antes de firmar el cheque.

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