Los números primero. Las exportaciones totales de México pasaron de 50 a 63 mil millones de dólares mensuales en los últimos dos años, y el saldo comercial dio un giro de 180 grados: de un déficit de mil 700 millones de dólares mensuales en los primeros cinco meses de 2024 a un superávit de mil 100 millones en el mismo período de 2026, según datos analizados por el economista Macario Schettino en El Financiero.
El motor de esa transformación es una sola categoría: las «máquinas de procesamiento de datos» —computadoras y similares—, que exportaban 2 mil 300 millones de dólares al mes hace dos años y hoy exportan 14 mil millones. Una multiplicación por seis. Ese renglón explica, por sí solo, 88% del crecimiento total de exportaciones del país.
Detrás del salto hay dos fuerzas concurrentes: el auge de la inteligencia artificial y los centros de datos asociados, y los aranceles de Trump a Asia, que redirigen flujos comerciales a través de México. Considerando cuatro categorías —computadoras, partes, circuitos y telefonía—, éstas explican 97% del crecimiento exportador total en dos años y más de 100% de las importaciones adicionales.
El problema está en lo que esos flujos no dejan. El índice de actividad industrial del sector apenas creció 2% en valor agregado durante el mismo período. El empleo subió cerca de 10%, lo que equivale a 30 mil nuevos puestos, menos de la tercera parte de los 100 mil empleos perdidos en la industria automotriz, golpeada por los mismos aranceles y por la transformación global del sector.
Mientras tanto, la industria automotriz —históricamente el gran proveedor de divisas— ha visto caer sus exportaciones de vehículos y partes en casi mil millones de dólares mensuales. Plantas históricas han cerrado; otras migran hacia Estados Unidos. En los primeros cinco meses de 2026, el principal ingreso de divisas de México ya no es el petróleo, el turismo ni el automóvil: son las computadoras.
Guadalajara, que hace 25 años aspiraba a ser el «Silicon Valley» mexicano antes de que la recesión dot-com truncara ese proyecto, vive hoy un nuevo auge del mismo tipo. La advertencia es pertinente: si el ciclo de IA sufre un ajuste, el efecto sobre las exportaciones sería inmediato.
La lectura de Ágora Capital. El mercado ya votó: los flujos van donde encuentran arbitraje, no donde el Estado planifica. Que México capture tránsito sin retener valor agregado es la consecuencia directa de ocho años de deterioro en seguridad jurídica, déficit de infraestructura eléctrica y capital humano desatendido. El auge exportador de electrónicos es real, pero su fragilidad también lo es: una economía de enclave exporta dólares ajenos y no construye productividad propia. Convertir este momento en base industrial permanente exige exactamente lo que el oficialismo ha erosionado —reglas claras, energía confiable e inversión privada sin trabas—. Sin eso, el ciclo se repetirá: auge temporal, ajuste, y la misma discusión dentro de otros dos años.
