En junio pasado, un embarque de 4.000 toneladas de soja no GMO zarpó desde el puerto de San Pedro, provincia de Buenos Aires, con destino al puerto de Baltimore, en Estados Unidos. La operación fue ejecutada por Areco Semillas, una empresa familiar que lleva más de 15 años operando en el segmento de granos no modificados genéticamente.
Roberto Coronel, titular de la firma, precisó a LA NACION que los volúmenes anuales que maneja la compañía rondan las 50.000 toneladas de soja, 15.000 de girasol alto oleico, 10.000 de canola y 5.000 de maíz, todo bajo condición no GMO. La soja se produce sobre unas 20.000 hectáreas, aunque la superficie varía según la campaña.
Un nicho sin mercado interno
La producción no GMO carece de escala en el mercado doméstico argentino y se destina íntegramente a la exportación. En el caso de la soja, los dos clientes actuales en Estados Unidos están vinculados con la producción avícola y con establecimientos lecheros. La canola, en cambio, tiene como principal destino Europa.
El diferencial que pagan los compradores sobre el precio del commodity se ubica en torno de los US$15 a US$20 por tonelada, según Coronel, aunque advirtió que ese premio «se fue reduciendo en los últimos años». El problema es que los costos operativos crecen en paralelo: rotaciones agronómicas adicionales, limpieza de maquinaria, procesos de segregación y, sobre todo, la inmovilización del capital durante varios meses mientras la mercadería permanece almacenada.
Trazabilidad como activo diferencial
Las plantas de acopio de Areco Semillas reciben exclusivamente granos no transgénicos. «No recibimos ningún tipo de grano que no sea de ese origen», afirmó Coronel. La empresa controla el proceso desde la elección del lote —sin antecedentes recientes de cultivos transgénicos— hasta el despacho final, incluyendo la limpieza de sembradoras y cosechadoras antes de ingresar a los campos.
A diferencia de una planta convencional, que puede rotar el stock entre cuatro y cinco veces por año, las instalaciones no GMO registran un único movimiento anual. Los embarques se realizan en buques de menor porte: un envío típico transporta alrededor de 10.000 toneladas de soja o unas 3.500 de girasol.
Márgenes acotados, pero negocio sostenible
Coronel reconoció que el diferencial reducido hace que el esfuerzo adicional «prácticamente no se refleje en la rentabilidad», pero subrayó que la empresa continúa en el segmento por la especificidad del modelo de negocio que ha construido.
Desde Ágora Capital, el caso de Areco Semillas ilustra con precisión lo que el libre mercado produce cuando el Estado no interfiere: una empresa familiar identificó una demanda exterior específica, construyó protocolos propios de calidad y trazabilidad, y desarrolló una cadena de exportación sin subsidios ni programas oficiales. El ajuste de márgenes que describe Coronel no es una señal de fracaso; es el mercado recalibrando el precio de un activo diferenciado. Capital busca reglas claras, y este nicho demuestra que la agroindustria argentina tiene capacidad de sofisticarse cuando se le deja operar.


