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El sector de oil & gas argentino redujo los cortes de gas con una cadena que importa hasta 70% de sus insumos

Para la industria energética, el precio deja de ser la prioridad: lo que cuenta es la entrega a tiempo, aunque eso signifique buscar proveedores en India, China o la región.
Imagen ilustrativa
sábado 5 de septiembre de 2026

“En oil & gas lo más caro es el pozo petrolero parado”, resume Gastón Giovannetti, especialista en supply chain, al describir la lógica que rige el abastecimiento del sector energético argentino. La frase no es un eslogan: es el criterio que ordena toda la cadena, desde el pozo hasta el suministro final.

Según Giovannetti, hace entre seis y ocho años que el sector viene creciendo, exigido tanto por el abastecimiento interno de gas y combustible como por la necesidad de generar divisas vía exportación. Esa presión obligó a los proveedores logísticos y de comercio exterior a alinearse con un mismo objetivo: que el producto llegue en el momento justo.

El resultado, dice, se puede palpar en la disminución de los cortes de gas, consecuencia directa de la infraestructura logística y de comercio exterior construida detrás de escena.

La cifra que mejor ilustra la apertura del sector es esta: entre 60% y 70% de las materias primas e insumos directos son importados. El mercado de referencia, explica Giovannetti, «es el mundo entero», así que se busca el mejor producto al menor costo y con mejor calidad, ya sea en Argentina, India o China.

Esa apertura tiene un límite deliberado: la lógica interna es 70-30. Se privilegia lo más económico aunque esté lejos, pero se reserva un 30% de proveedores cercanos, de la región, para no exponer la operación a un conflicto geopolítico que interrumpa el circuito marítimo.

Las importaciones temporales cumplen una función clave: cuando un insumo —como el acero que llega de China— se procesa en el país pero se destina a un cliente externo, se declara temporal y no definitiva. Eso evita pagar derechos de importación, porque el material vuelve a salir hacia otro destino, por ejemplo Estados Unidos. Giovannetti señala además que el acuerdo firmado con la Unión Europea abrió oportunidades de exportación que muchas veces se desconocen.

La diferencia con otras industrias, como la manufacturera, es nítida: en oil & gas la exigencia principal es la capacidad de entrega, no el precio. Si se necesitan tres mil piezas, lo que importa es que estén los tiempos, el stock y la logística para que lleguen cuando deben llegar. Un ejemplo citado es el trayecto de Pilar a Neuquén, que exige camiones seguros y tiempos exactos: lo despachado hoy debe llegar mañana por la mañana, o de nada sirve para la producción en planta.

Los números primero: 60-70% de insumos importados, una regla 70-30 para blindarse del riesgo geopolítico y una reducción palpable de cortes de gas. Ninguno de estos datos es casual. Son el resultado de que la cadena de abastecimiento deje de mirar el precio como variable única y empiece a mirar el mundo entero como mercado de proveedores.

El mensaje de fondo, más allá del sector energético, es sencillo: cuando la logística privada compite libremente por eficiencia y las reglas de comercio exterior no castigan la circulación de insumos, el resultado visible es menos escasez para el usuario final. Es la prueba de que la solución a un problema de abastecimiento rara vez está en cerrar fronteras, sino en abrirlas con inteligencia.

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