Un nuevo libro de Princeton University Press propone una tesis incómoda para urbanistas de todos los colores: el mayor obstáculo para mejorar el transporte en las ciudades no es la voluntad política ni el presupuesto público, sino el espacio físico que cada modo de transporte necesita para operar con seguridad.
Transportation and the Shape of Cities, disponible desde el 4 de agosto, es obra de tres profesionales con años de experiencia en proyectos de planificación en Estados Unidos: Christof Spieler, ingeniero y actual Director de Transporte de Madison, Wisconsin, con una larga trayectoria en Houston; David Copeland-Loredo, planificador e ilustrador también basado en Houston; y Mandi Chapa, arquitecta y planificadora que enseña transporte urbano en la Universidad Rice.
El libro analiza los cinco modos principales de transporte en ciudades estadounidenses —peatón, micromovilidad (incluyendo bicicletas), automóvil, tren y tránsito colectivo— y demuestra que cada uno posee una «geometría» propia: un área física mínima para funcionar. La obra incluye más de 500 ilustraciones y fotografías a escala, producidas por Copeland-Loredo, que muestran radios de giro, anchos de carril y huellas de infraestructura en términos comparables.
Uno de los hallazgos que los propios autores califican de sorprendente es la rigidez geométrica de los estacionamientos: según Spieler, los garajes terminan dictando la forma de los desarrollos inmobiliarios que los rodean, no al revés. Otro punto que el libro enfatiza es la tendencia a subestimar el espacio que consume el transporte. «Siempre existe la sensación de que, si uno es un poco más ingenioso, puede resolverlo. Pero hay cosas que no se pueden resolver sin importar cuán ingenioso se sea», advierte Spieler.
El libro surgió de una clase de sistemas de transporte urbano que Spieler y Chapa comenzaron a impartir juntos en 2015 en el departamento de ingeniería civil de Rice. La estructura del curso —organizada por modos de transporte y escala de redes— se convirtió en el esqueleto del libro.
Un elemento que los autores destacan como prioritario es tratar al peatón con el mismo rigor técnico que al automóvil. «Los autos siempre se tratan con rigor —la idea de que tienen un radio de giro y un ancho de carril está incorporada en las conversaciones», señala Spieler. «Pero los peatones también son objetos mecánicos que se mueven en el espacio. Tienen exactamente los mismos requisitos de espacio o de pendiente que otros modos.»
El libro está dirigido principalmente a planificadores, ingenieros, arquitectos y profesionales de la gestión urbana, aunque sus autores reconocen que el contenido puede interesar a cualquier ciudadano curioso sobre su entorno.
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Desde la perspectiva de Ágora Capital, el valor de este trabajo radica precisamente en desideologizar un debate que con frecuencia termina capturado por el aparato burocrático y sus preferencias de moda. Cuando la restricción es física —metros cuadrados, radios de giro, pendientes— el margen para el voluntarismo regulatorio se reduce. Capital busca reglas claras, y las leyes de la geometría son las más claras de todas.
La lección para quienes diseñan política pública es directa: antes de reasignar espacio vial mediante decreto, conviene medir. Los costos de ignorar la geometría los pagan los contribuyentes en obras que no funcionan y en tiempo perdido que nunca se recupera.



