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El chontaduro concentra 160,6 calorías por 100 gramos y obliga a mirar la porción

La fruta del Pacífico colombiano aporta carbohidratos, fibra, grasas insaturadas, minerales y carotenoides, pero su carga calórica no es menor. La preparación y los acompañamientos cambian por completo su efecto real en la dieta.
viernes 9 de octubre de 2026

El chontaduro volvió al centro de la conversación nutricional por sus aportes de energía y metabolitos clave. De acuerdo con el médico funcional William Arias, el fruto concentra carbohidratos, fibra, grasas insaturadas, minerales y carotenoides, y por eso lo describió como un alimento con propiedades relevantes para la energía y el metabolismo.

Arias también atribuyó al chontaduro efectos antiinflamatorios, antioxidantes y protectores de la vista, la piel, el sistema inmune y el corazón. Además, afirmó que contiene más vitamina A que la zanahoria y más antioxidantes que los arándanos. Esa comparación, sin embargo, no puede tomarse como absoluta: la composición cambia según la variedad, el cultivo, la madurez y la preparación.

Una revisión citada en AmeliCA identificó al chontaduro como una fuente relevante de carotenoides y destacó su contenido de potasio, además de vitaminas y compuestos fenólicos. En esa misma línea, la fruta analizada alcanzó 160,6 kilocalorías por cada 100 gramos, una cifra superior a la de frutas más acuosas como el lulo.

Los carotenoides de su pulpa aportan provitamina A. El organismo puede transformar parte de ese compuesto en vitamina A, nutriente necesario para la visión, el funcionamiento del sistema inmunitario y el mantenimiento de la piel y las mucosas. Por eso, la afirmación de que «protege tu vista» tiene fundamento nutricional, aunque ningún alimento por sí solo previene o trata enfermedades oculares.

El chontaduro también aporta fibra dietética, que contribuye al tránsito intestinal y puede favorecer la saciedad. Pero su aporte calórico no es menor. La idea de que «no engorda» requiere contexto: el aumento de peso depende del consumo total de energía, la porción, los acompañamientos y las necesidades de cada persona.

La pulpa contiene además grasas insaturadas. Se han identificado ácidos grasos como el linoleico y el linolénico, este último perteneciente a la familia omega-3. Eso no equivale a que tenga el mismo perfil que pescados como el salmón o la sardina, ricos en EPA y DHA, pero sí lo convierte en una fuente vegetal de lípidos insaturados.

Los carotenoides y compuestos fenólicos pueden actuar como antioxidantes en pruebas de laboratorio. Esos compuestos ayudan a contrarrestar procesos de oxidación, aunque su efecto siempre debe leerse dentro del patrón alimentario completo.

El punto práctico es simple: el chontaduro debe cocinarse antes de comerse. Sin cocción puede contener cristales de oxalato de calcio y sodio, que causan irritación en la boca. La cocción reduce esos compuestos y facilita su consumo.

En Colombia suele servirse cocido con sal, miel, limón o leche condensada. Allí está el matiz que muchas veces se pierde en el entusiasmo comercial: esos ingredientes modifican su aporte final, sobre todo de sodio o azúcares añadidos. Para una dieta equilibrada, la clave no es glorificar un solo fruto, sino entender porciones, preparación y contexto.

Los números primero. Cuando el mercado alimentario vende superalimentos como atajos, conviene volver a lo básico: composición, porción y hábitos reales. Capital busca reglas claras también en la mesa. La nutrición no mejora por propaganda, sino por información precisa y decisiones medibles.

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