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El 59% de las empresas ya pausó proyectos de IA agéntica por costos de observabilidad fuera de control

Una encuesta a 300 ejecutivos de TI revela que el gasto en monitoreo de agentes de IA supera al de la infraestructura misma. Los CIO que no actúen ahora repetirán el error de la nube.
Imagen ilustrativa
jueves 9 de julio de 2026

La historia rima. A principios de la década pasada, los CIO recibieron facturas de nube que nadie había autorizado: departamentos enteros habían activado cómputo y almacenamiento sin que TI controlara el gasto agregado. Algunos ejecutivos perdieron su cargo. Otros pasaron años deshaciendo decisiones arquitectónicas tomadas en el fervor de la adopción.

Hoy el contador no mide MIPS ni gigabytes. Mide tokens.

Cada flujo de trabajo de IA agéntica, cada agente autónomo que consulta una base de conocimiento, cada llamada a un modelo de lenguaje incrustada en un proceso de negocio, consume tokens. Y los costos se acumulan en presupuestos de unidades de negocio, proyectos de TI en la sombra y experimentos de desarrolladores individuales con tarjetas de crédito propias, a una escala que la mayoría de los CIO aún no ha cuantificado.

Los números ya no admiten debate. Una investigación de Omdia, encargada por Apica y realizada sobre 300 tomadores de decisiones de TI empresarial, encontró que el 59% de las empresas ya ha terminado o retrasado un despliegue de IA agéntica porque los costos de observabilidad se volvieron inmanejables. Además, el estudio revela que dichos costos de observabilidad superan el costo de la propia infraestructura de IA. El costo de vigilar a los agentes supera al costo de correrlos.

El problema estructural es preciso: el CIO no es quien despliega los agentes. Lo hacen los equipos de producto, las unidades de negocio y los desarrolladores con una API key. Nadie entra a la oficina del CIO a pedir autorización para 50 millones de tokens mensuales. Dicen: «Vamos a automatizar el servicio al cliente con IA», y el contador empieza a correr.

Andi Mann, Chief Product and Technology Officer de Apica, describe el patrón con precisión quirúrgica: un vicepresidente ejecutivo de una gran empresa de comercio electrónico comenzó a medir el consumo de tokens como métrica de desempeño no por diseño, sino porque la factura lo sorprendió y tuvo que construir estructuras de responsabilidad de forma retroactiva.

El problema técnico profundiza el financiero. Los agentes de IA no generan datos como las aplicaciones tradicionales. Operan en bucles, realizan llamadas secuenciales, bifurcan, retroceden y crean subagentes. Una sola interacción con un cliente puede generar telemetría que abarca docenas de micro-decisiones, llamadas a herramientas y solicitudes a API externas, todo en fracciones de segundo. Intentar monitorear esto con infraestructura de observabilidad diseñada para transacciones discretas y procesos por lotes es, según Mann, como usar el medidor de gasolina de un sedán para gestionar una flota de Fórmula Uno.

El dato de Omdia que marca la urgencia: el 68% de las empresas planea evaluar cambios en sus soluciones de observabilidad en los próximos seis meses.

Las recomendaciones que emergen de la investigación son concretas: instrumentar el consumo de tokens en todos los flujos agénticos —incluidos los proyectos en la sombra—, auditar la arquitectura de telemetría contra las nuevas cargas de trabajo y establecer modelos de atribución de costos antes de que diez unidades de negocio tengan agentes corriendo a escala.

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Desde Ágora Capital, el patrón es conocido: cada gran salto tecnológico premia a quienes gobiernan el gasto antes de que el ciclo político interno lo haga imposible. La libre empresa no significa gasto sin control; significa que quien toma la decisión también carga con la consecuencia. Los CIO que construyan gobernanza de tokens hoy no solo salvarán el presupuesto: se convertirán en los activos más valiosos de la próxima generación de TI empresarial. Los que esperen recibirán la factura.

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