Los números primero. Chile instaló 40.000 MW de capacidad de generación eléctrica frente a una demanda de apenas 10.000 MW, según José Ignacio Escobar, CEO de Colbún, el brazo energético del grupo Matte. El resultado de esa sobrecapacidad: 7 terawatts perdidos el año pasado, equivalentes al 8% de todo el consumo nacional, «lo que equivale a una gran minera o una ciudad mediana», según el ejecutivo.
El diagnóstico de Escobar es claro: el capital privado hizo su trabajo. «Chile hizo un trabajo espectacular en los últimos 15 años de desarrollo de energías renovables: solar, eólica y baterías», afirma. El desafío ya no es generar energía, sino usarla.
La industria respondió con baterías de almacenamiento, pero Escobar advierte que ese mercado también corre el riesgo de sobredimensionarse. Hoy hay 3.000 MW de baterías operando, otros 3.000 MW en prueba y 4.000 MW en construcción; en dos años Chile tendrá 10.000 MW instalados, más capacidad que la acumulada en más de 50 años de embalses. «Aprendamos de los errores y no generemos un problema al nivel de tener vertimientos de baterías», señala, en referencia al riesgo de repetir con el almacenamiento el mismo exceso que ya ocurrió con la energía solar, de la que Chile vierte una parte relevante de sus 13.000 MW instalados.
El otro frente es regulatorio. A fines de julio se aprobó el proyecto de ordenamiento tarifario impulsado por el Gobierno, que busca resolver una deuda histórica con las distribuidoras y renegociar contratos. Escobar lo describe sin rodeos: «Estamos reseteando todas las intervenciones regulatorias que se hicieron durante muchos años, porque es muy difícil poder proyectar el sector a largo plazo si todavía tenemos temas pendientes por ir zanjando».
La siguiente tarea pendiente, dice, es la reforma a la distribución, el segmento del sector eléctrico que menos competencia ha tenido. Escobar propone separar la explotación de la infraestructura de la comercialización de la energía, como ya ocurre en España, donde «los usuarios tienen muchas opciones de elegir a quién le compran energía». Plantea incluso revivir la idea de un multicarrier eléctrico, similar al que abrió la competencia en telecomunicaciones en 1995, para que clientes finales más pequeños puedan elegir comercializador sin depender del dueño de las redes. Hoy esa opción solo existe para los llamados clientes libres —con potencia conectada superior a 300 kW—, es decir, grandes mineras, edificios u hospitales.
El mercado ya votó con la inversión: generación abundante, tecnología diversa, capital privado dispuesto a construir. Lo que falta es que el diseño regulatorio de distribución no desperdicie ese esfuerzo. Cuando la oferta cuadruplica la demanda y aun así se pierde electricidad equivalente a una ciudad entera, el problema no es de generación sino de reglas. Capital busca reglas claras, y la historia reciente de la energía solar chilena —sobreinstalada, vertida y luego rescatada a fuerza de incentivos regulatorios— es la advertencia que Escobar no quiere ver repetida en las baterías ni en la distribución.


