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Ciberataques a redes eléctricas disparan la adopción de solar residencial en EE.UU.

El miedo al apagón, no el ambientalismo, se convierte en el motor real del mercado fotovoltaico. La vulnerabilidad de la infraestructura centralizada hace lo que décadas de subsidios no lograron.
Imagen ilustrativa
domingo 12 de julio de 2026

En diciembre de 2025, hackers patrocinados por el Estado ruso desplegaron un malware destructivo contra la red eléctrica de Polonia. El ataque apuntó a los vínculos digitales entre parques eólicos y solares y sus operadores de distribución, además de dos plantas de calor y energía que abastecen a cerca de medio millón de hogares. El objetivo era sumir a ciudadanos polacos en la oscuridad durante una ola de frío invernal.

Ese episodio condensa una tendencia que está reordenando el mercado energético residencial en Estados Unidos: la guerra digital sobre infraestructura crítica ha convertido la energía distribuida —paneles solares en tejados y baterías domésticas— en una decisión de autodefensa, no de conciencia ecológica.

Tres eras, un giro radical

Alexis Abramson, decana de la Climate School de la Universidad de Columbia, traza la evolución del movimiento en un ensayo publicado en Time. La primera era, de 1970 a 2010, fue moral: inspiró a una minoría comprometida, pero la energía solar representaba menos del 0,1% de la generación eléctrica de EE.UU. tras cuatro décadas. La segunda era fue de mercado: el Investment Tax Credit de 2006 y la Inflation Reduction Act de 2022 abarataron los equipos hasta hacer viable la adopción masiva. Para 2024, el solar representó más del 80% de toda la nueva capacidad generadora añadida a la red, según reguladores federales.

Ahora, según Abramson, ha comenzado una tercera era: «Muchas personas no se preocupan en absoluto de que el solar más baterías sea limpio, ni les preocupa el cambio climático. Para ellas, se trata de tener control y cuidar de sí mismas y de sus familias», declaró a Forbes.

Los números del miedo

La encuesta The State of Solar in 2025, de SolarTech, cuantifica esa psicología: el 78% de los propietarios de vivienda en EE.UU. expresa preocupación por la fiabilidad de la red, y el 64% afirma explícitamente que los apagones recurrentes los hacen más propensos a adoptar solar en los próximos cinco años. Abramson señala que esas preocupaciones se han profundizado aún más en medio de las renovadas hostilidades con Irán.

El riesgo no es abstracto. Agencias federales como el FBI, la EPA y la Cybersecurity and Infrastructure Security Agency han emitido advertencias urgentes sobre el ataque activo a infraestructura crítica de EE.UU. por grupos afiliados a Irán, como Cyber Av3ngers. Los ataques han evolucionado desde simples desfiguraciones de sitios web hasta la explotación activa de tecnología operativa conectada a internet en los sectores del agua y la energía.

Para el propietario medio, el riesgo no es una explosión lejana: es el grifo que deja de funcionar, el inodoro que no descarga o la luz que se apaga sin aviso.

Lo que el mercado ya sabe

Esta dinámica confirma algo que los defensores del libre mercado llevan tiempo argumentando: cuando el Estado no puede garantizar un servicio básico —o cuando la infraestructura centralizada se convierte en blanco de potencias hostiles—, el individuo busca soluciones propias. No por ideología verde, sino por racionalidad económica y necesidad de seguridad.

El verdadero impulsor del solar residencial no ha sido la burocracia regulatoria ni el alarmismo climático, sino la percepción concreta de vulnerabilidad. Capital privado y consumidores informados están construyendo resiliencia desde abajo, precisamente donde el aparato estatal centralizado muestra sus límites más evidentes. El mercado, una vez más, llegó antes que la política.

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