La nutrición deportiva tiene un debate sin cerrar. ¿Carbohidratos o grasas para el ejercicio de resistencia? Dos equipos de investigación presentan evidencia sólida. Y no coinciden.
El argumento del glucógeno
La Sociedad Americana de Nutrición (ASN) lo plantea con claridad. Los músculos almacenan carbohidratos como glucógeno. Ese glucógeno es el combustible de elección cuando la intensidad sube. Según el análisis de la ASN, la oxidación de carbohidratos crece en paralelo con la exigencia del esfuerzo. La contribución de las grasas, en cambio, cae en esos mismos contextos.
La doctora Louise M. Burke, del Instituto Mary MacKillop para la Investigación en Salud de la Universidad Católica Australiana, lo resume así: «los carbohidratos producen más energía que las grasas con la misma cantidad de oxígeno consumido». Eso los convierte en un combustible más eficiente para el ejercicio exigente. Su equipo estudió marchadores de élite. Observó que la mayor quema de grasa tras una dieta cetogénica no compensó la caída del rendimiento en eventos de alta intensidad. Burke recomienda ajustar la ingesta de carbohidratos a la intensidad del entrenamiento y a las demandas de la competición.
La tesis contraria
Desde la Universidad de Ciudad del Cabo, el profesor Timothy Noakes llega a conclusiones distintas. Según Noakes, citado por la ASN, las creencias sobre la necesidad imprescindible de los carbohidratos merecen revisión. Analizó ensayos controlados que compararon dietas ricas y bajas en este macronutriente. Su conclusión: tras cuatro a seis semanas de adaptación, los atletas pueden alcanzar rendimientos similares con ambas estrategias.
Noakes sostiene que «la baja concentración de glucógeno muscular no necesariamente provoca fatiga directamente». El factor determinante, según él, sería la hipoglucemia. Un estudio citado por el especialista mostró que ingerir solo 10 gramos de carbohidratos por hora bastó para prevenirla y mejorar el rendimiento. Esto, independientemente de la dieta habitual del atleta.
Dónde convergen
Ambas posiciones comparten tres puntos. Primero: consumir carbohidratos durante el ejercicio prolongado mejora el rendimiento. Segundo: una dieta baja en carbohidratos aumenta la capacidad de oxidar grasas, siempre que exista adaptación sostenida. Tercero: las grasas requieren más oxígeno que los carbohidratos para producir energía.
El Instituto Internacional de Ciencias Deportivas añade que los hidratos de carbono son esenciales para retrasar la fatiga en actividades aeróbicas y anaeróbicas. El conocimiento avanza, según la ASN y el Instituto, hacia enfoques personalizados. El nivel de entrenamiento, la masa corporal, la eficiencia metabólica y la tolerancia digestiva modulan la respuesta individual.
Lectura de Ágora Capital
El debate importa más allá del deporte. Ilustra un principio que el mercado de la salud ya procesa: las soluciones universales tienen fecha de vencimiento. La evidencia favorece la personalización. Eso tiene un costo, y también un valor.
La industria de la nutrición deportiva mueve miles de millones de dólares sobre recomendaciones que la propia ciencia revisa. Cuando el consenso se fractura, el capital inteligente sigue a los datos, no al hábito consolidado.



